Alexis Márquez Gomila (1979) es un menorquín que despierta interés por una doble vertiente; la laboral, puesto que su década y media en México y República Dominicana trabajando en el sector hotelero con cargos de responsabilidad así lo sugiere, y sobre todo la vital. No en vano, sobrevivió a un gravísimo accidente de circulación en una autopista mexicana a finales de 2009 y a un ictus que le sobrevino hace un lustro, también en suelo azteca. En ambos casos fue capaz de burlar lo que anunciaba muerte, lo que le confiere una insobornable «sensación de gratitud» para con la vida, confiesa.
Nacido en Maó, Alexis cursó estudios en Cormar y el IES Joan Ramis –y perteneció a la cantera del CD Alcázar–, tras lo que se matriculó en turismo. Ya diplomado, trabajos de «siete u ocho meses» en Sant Tomàs, Son Bou y el Hotel Sant Lluís-S’Algar, que combinaba con estancias de invierno en Baqueira Beret, precedieron su marcha a Mallorca, impulsada por el deseo de trabajar «todo el año, no solo en temporada», razona.
La génesis
Resultó aquel un movimiento crucial. «Estando en Mallorca, un ‘jefazo’ me llevó a comer. Me preguntó si tenía familia que dependiera de mí, le dije que no, y me soltó, ‘pues te vas al Caribe’», evoca Alexis sobre como se fraguó su marcha al otro lado del Atlántico. Era 2007. El 31 de diciembre emprendió rumbo a México, a la Riviera Maya, «que son 120 kilómetros de costa repleta de hoteles». «Empecé a trabajar en un hotel de cinco estrellas nuevo, en Tulum, me encantó el sitio, pero había mucho trabajo. Me dieron un apartamento nuevo en Playa del Carmen, sueldazo... que era el modo de convencernos de irnos para allá. El sitio, cuando llegué, tenía 150.000 habitantes, ahora hay un millón, producto de una brutal especulación turística», detalla.
Hubo que adaptarse a una nueva mentalidad, un idioma español ‘diferente’... pero en contrapartida conoció a la que durante once años fue su mujer. Y aunque «impactado» por los niveles de pobreza, corrupción y violencia del lugar, su adaptación a su nueva vida no había podido ser mejor. Hasta que devino el fatídico 17 de diciembre de 2009.
«La empresa me había mandado a otro hotel, también para relanzarlo, y a las 2 de la madrugada, tras una celebración navideña, tuve la idea de coger el coche... quizá me dormí, no lo recuerdo, pero choqué con una farola que había en la mediana de la autopista», rememora.
Salió despedido unos siete metros por delante del vehículo rompiendo la luna delantera y al no llevar el cinturón evitó ser aplastado por la farola. Un compañero de trabajo le encontró e hizo que le evacuaran al hospital. Múltiples fracturas en las costillas, cadera rota, un pulmón perforado... estuvo dos meses y medio en coma, un año sin poder andar. «Me salvaron de milagro», subraya.
Tras una dura rehabilitación, se recuperó al cien por cien. De vuelta al trabajo, traslado a República Dominicana, «al mejor hotel de allí, 1.400 plazas, campos de golf...» en Cabeza de Toro. «Allí encontré mucha pobreza, gente sin formación... por eso hay mucha prostitución; mucho contraste entre las siete familias que lo dominan todo y el resto», repasa. Seductor en lo económico –5.500 euros al mes, más casa–, pero no en lo social, tras un par de años solicitó un cambio de destino, «que mi empresa me negó, por lo que decidí desvincularme».
Entre la duda de regresar a España o a México, Alexis optó por el país centro americano. Discurría 2014. La isla de Cozumel, otra vez Tulum, Puerto Vallarta, a orillas del Pacífico... Hasta afincarse en Los Cabos. «Llevaba allí un año, me desperté una mañana y tomando un café me desmayé. Me levanté y mi pierna izquierda no reaccionaba, volví a desmayarme, me llevaron al hospital y allí una neurocirujana vio que era un derrame y me operaron de urgencia», recuerda.
«Estuve mucho tiempo ingresado y luego decidí volver a Menorca a recuperarme, aún iba en silla de ruedas. A base de esfuerzo, rehabilitación, medicina de calidad en el Mateu Orfila pude recuperarme. He mejorado mucho y aun tengo margen, y no, no siento que haya tenido mala suerte, al contrario. Otros habrían muerto, tanto por el accidente como por el ictus, yo estoy vivo, doy gracias, me siento muy afortunado. Y sé que el mejor momento, aun está por llegar», termina Alexis Márquez, ejemplo de vida, ejemplo de superación.
«Si una barrera de coral molesta, la vuelan con dinamita»
Para ilustrar el dispar concepto de modelo turístico entre Menorca y latinoamérica, Alexis narra una anécdota. «En Dominicana había una empresa que hacía excursiones en barco para turistas, y junto al muelle había una barrera de coral que les complicaba para atracar; la volaron con dinamita... eso aquí es inimaginable».
«En México, Dominicana... lo que importa es el negocio, manda la mentalidad yanqui». Y termina. «A mí ese modelo no me convence, pero también aquí, que mueves una piedra y te multan, hay que tener equilibrio. Menorca es preciosa, pero hay otros destinos que lo son y con más servicios, aquí queda mucho por hacer».
... me cae simpático, siempre para adelante... y sin mentar ni una sola vez al inexistente... tener ese autocontrol del lenguaje es encomiable.. me ha sorprendido lo de pegársela sin llevar el cinturón de seguridad, debería ser criticable, pero también recuerdo que mi progenitor salvó la suya de la misma manera, empujado por el golpe al asiento del copiloto para darse cuenta que el volante había quedado incrustado contra el bastidor del asiento del conductor... nunca sabes lo que te depara LA CASUALIDAD...