Muy contundentes las conclusiones del informe técnico «Uso público de las playas de la Reserva de Biosfera» que –con meses de retraso–, ya tiene sobre la mesa el departamento de Medio Ambiente del Consell. En la temporada alta del año 2025 se ha vuelto a batir el récord de afluencia en los arenales menorquines. Hasta el punto de que, subraya el documento, «se pone en riesgo su estado de conservación sin que las medidas de gestión que se han implementado hayan tenido un efecto importante».
Hay en el informe multitud de datos elocuentes sobre la creciente presión que están recibiendo las playas menorquinas, la joya de la corona del destino turístico, pero también frágiles ecosistemas clave para la declaración de Reserva de Biosfera. El número máximo de usuarios ha vuelto a crecer otro 5,4 por ciento y, tomando un poco de perspectiva, el balance de los últimos años es llamativo: la punta de bañistas se ha disparado un 17 por ciento en solo seis veranos. Cifras que para los autores del documento obligan a tomar decisiones en la gestión de la afluencia a estos espacios para reconducir la situación.
Regulación
«Es fundamental plantear medidas de gestión eficaces que eviten que las playas superen su capacidad de carga». A partir de ahí, el documento, que se hizo ayer público, días después de conocerse las cifras al alza en la previsión de llegada de turistas, se menciona como primera idea «la regulación del número de visitantes», así como «la planificación de los accesos», ambas medidas «clave para garantizar el equilibrio entre el uso recreativo y la conservación ambiental». El listado de propuestas es amplio e incluye la urgencia de poner en marcha campañas de concienciación en aviones, barcos y establecimientos hoteleros, así como la implicación de las empresas en la promoción de los códigos de buenas prácticas para el uso de las playas.
Los técnicos del departamento de Medio Ambiente consideran «altamente recomendable» la creación de un órgano «gestor y regulador» único de las playas que se encargue de «coordinar las actuaciones de conservación, regulación de afluencia y mantenimiento», garantizando una planificación coherente y eficiente de las políticas de gestión de estos espacios naturales. También se propone la instalación de puntos de información y sensibilización ambiental en los accesos a los arenales, así como la creación de un sistema centralizado de información. «Las soluciones nunca son fáciles –conceden los autores del informe–, pero los datos muestran una realidad que hace falta modificar para conservar las playas de la Isla».
Los resultados de este documento, en el que se recogen las jornadas de recuento manual que se llevaron a cabo en los meses de julio, agosto y septiembre del año pasado, muestran hasta qué punto se ha reducido el espacio para los bañistas, fruto de esa elevada frecuentación. En relación a 2023 (en 2024 el cambio de metodología no permite comparaciones) la superficie disponible ha caído en picado. Entre las 54 playas analizadas, la media era hace dos veranos de 20 metros cuadrados por usuario, ahora son 13 metros.
El 39 por ciento de las playas sufre sobresaturación y al listado clásico de las más masificadas (Macarella, Macarelleta, Cala en Turqueta o Es Talaier, se están sumando arenales que sufren importantes incrementos de usuarios como –cita el informe a modo de ejemplo–, Cala Pudent, Tirant, Cala Viola, las playitas de Binimel·là, Pregonda, Mitjana, Sant Adeodat, La Vall, Binidalí, Biniparratx y Binissafúller.
JaumeJaumeeeee?