Hubo un tiempo, no muy lejano, en que la hora del recreo era el paradigma de la ley de la selva. Cuando no eran tres partidos con sus respectivos balones los que se libraban a la vez en un mismo campo escolar, acostumbraban a ser los niños mayores los que se imponían en el momento de elegir pista o el espacio más amplio para jugar a sus anchas, esencialmente a fútbol y en menor medida a baloncesto.
Se practicaba cuantos días consecutivos se antojaba a estos alumnos, sin restricción ninguna por parte del profesorado e independientemente de las peleas o conflictos que se sucedieran.
La coyuntura ha variado de forma notable en los últimos años, con el objetivo de evitar abusos y garantizar un reparto más equitativo del espacio a compartir. Ahora son los propios centros educativos los que gestionan curso, días, espacios y determinan el deporte o materia que se lleva a cabo en el tiempo que se destina al asueto durante la jornada escolar. Sin llegar al extremo de algunos centros de la vecina Mallorca, como el CEIP Ses Rotes Velles, donde incluso se ha prohibido el fútbol, «con lo que hemos evitado muchos problemas de convivencia», asegura su directora Joana Maria Mas.
El balón y los conflictos
Lo que sí coinciden en apuntar los colegios menorquines consultados es que de todos los juegos que se disputan a la hora del recreo el del balón sigue siendo, precisamente, «el que más y mayores conflictos genera».
En términos generales, y en función de los diferentes centros educativos que se han pronunciado para este reportaje, el patrón es claro y reiterativo. «Se hace fútbol, basket y otras actividades, hay unos días y horarios establecidos para cada materia, y cada clase sabe qué día tiene una cosa y qué día otra, los alumnos no eligen», detalla Marta Alcoberro, directora del CEIP Mateu Fontirroig de Maó.
Su apreciación halla idéntico parangón entre los demás colegios consultados, léase CCE La Salle Alaior, CEIP Sa Graduada de Maó, el CEIP Ruiz i Pablo de Es Castell y otros que prefieren no ser citados. Todos coinciden, además, en que el balón «pertenece al centro» –antaño solía ser de uno de los alumnos– y que siempre algún profesor anda vigilando para evitar o atajar cualquier posible incidente.
Cada cual, eso sí, apuesta por una distribución marcada por sus circunstancias, espacio del recinto o volumen de alumnos matriculados, lo que igualmente depende de tener ciclo de Secundaria o abarcar sencillamente hasta Primaria.
En ese marco Sa Graduada, al contrario que ‘Fontirroig’ o La Salle, cuenta con un patio «muy pequeño», explica su directora Amanda Camps, que se optimiza dividiendo en dos su pista polideportiva. «Una parte es para deportes de pie (fútbol) y otra para los de mano, como basket, balón tiro...», sigue la docente.
Rotación de juegos y espacios
«Se hace un poco de todo, las clases rotan, un día de basket, otro fútbol y tres días no tienen pista y van a la ‘paradeta’», proyecto de este ‘cole’ mahonés en que alumnos de quinto y sexto de Primaria se responsabilizan de un material concreto –canicas, cuerdas, bolos– que se reparte a otros alumnos tomando su nombre, que a su vez lo devuelven terminado el recreo.
Es esa una fórmula que también ayuda a que los niños aprendan a organizarse y a probar alternativas al margen de los deportes tradicionales. Y es que retornando a ello como foco de conflicto, ninguna de la voces a que hemos recurrido rechaza tal afirmación.
«En fútbol siempre hay algún conflicto, también porque lo juegan niños que lo practican fuera del ‘cole’, vienen con el chip competitivo, y es un deporte de contacto, es normal que haya más conflictos que en tenis de mesa, pero en otros deportes a veces también hay problemas ¿cancelar el fútbol? Ni lo hemos pensado, no sería la solución. Si tu dejas 50 niños solos en un parque, también habrá lío, pero si les das normas, aprenden», observa Marta Alcoberro.
«A veces les dejamos sin balón»
«Hay un día para jugar al fútbol, cuando vemos que hay mal rollo, esa semana les quitamos el balón; el fútbol está muy influenciado a nivel social y a veces se genera una competencia o ‘mal rollo’ entre niños, pero es puntual, no pensamos en suprimirlo», anota Amanda Camps en relación a Sa Graduada.
Un proceder parecido se estila en el ‘Ruiz i Pablo’. «Si un día la cosa no funciona, les dejamos sin balón, pero no hemos valorado la opción de retirar el fútbol; pero sí es la actividad que da más problemas», subraya su jefa de estudios, Cristina Cardona.
«Algún día se da un conflicto en fútbol, pero también se juega a basket o voleibol, y el patio está regulado, los niños aceptan hacer otras actividades que también tratamos de fomentar», concluye por su parte Sandra Espadas, directora de La Salle Alaior.
Conflictos alimentarios por los padres, que se violentan por cualquier cosa.