El Tribunal Supremo de Estados Unidos frenó la presión arancelaria que pretendía imponer Donald Trump a los países exportadores. El organismo estatal norteamericano dictaminó el pasado 20 de febrero que la Ley de Poderes de Emergencia Económica Internacional (Ieepa) no otorga al presidente autoridad para aplicar aranceles de forma prácticamente arbitraria, incluidos los recíprocos. Pero la reacción del controvertido mandatario a ese freno legal ha sido invocar la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 para imponer un arancel adicional temporal del 10 por ciento durante los próximos 150 días.
Se trata de un recargo general, con alguna excepción, que salpica de lleno al sector del calzado menorquín, especialmente aquellas empresas que exportan una buena parte de su producción a Estados Unidos. Es el caso de Homers Artisan, la fábrica de Capó Triay SL, que acude anualmente a seis ferias en el país americano, donde coloca más del 50 por ciento de sus ventas fuera de España.
La carga impositiva incide de lleno en las expectativas de los fabricantes, explica Quim Gener, de la empresa de Ciutadella. El ejecutivo lamenta, en este sentido, «el desamparo en el que nos encontramos, sin recibir ninguna ayuda para compensar de alguna manera estos incrementos».
Recuerda Gener el esfuerzo del empresariado insular para abrir mercados internacionales «pero desde las instituciones, especialmente desde el Govern, no se nos ha querido apoyar nunca, y sin ese respaldo es muy difícil encontrar soluciones», resume el empresario.
Antes de la llegada al poder de la administración Trump los aranceles estaban en un 10 por ciento, que con la ley de emergencia pasaron al 15. El sector tuvo que asumir ese incremento del 5 por ciento, pero ahora, con el decreto respuesta del presidente al Tribunal Supremo, al subirlo otro 10 por ciento, a efectos prácticos «supone que ese 5 por ciento restante tenemos que repercutirlo sobre el precio del zapato», explica Quim Gener. Se trata, añade, «de otra puñalada para todos los fabricantes de calzado», señala.
Recién llegado de la feria de moda Coterie NY, en Nueva York, el ejecutivo ciutadellenc no oculta su desencanto «porque el buen funcionamiento que hemos tenido se verá muy resentido con este aumento considerando el dineral que nos cuesta ir allí a exponer nuestros productos».
¿Y que pretenden, que se les de ayuda de nuestros impuestos? ¡Vamos hombre! Mientras han estado ganando no han repartido nada de sus ganancias, ¿verdad? Todo para ellos, ahora que se apañen. Pedir mucho, dar nada.