En el campo menorquín crece la inquietud ante los efectos de la reciente escalada de tensión y conflicto en Oriente Medio tras el ataque de Israel y Estados Unidos a Irán. El incremento de costes amenaza la rentabilidad de las explotaciones agrarias, que ya atraviesan un momento especialmente delicado. Desde el sector expresan su preocupación ante un escenario que, temen, podría prolongarse en el tiempo y tener consecuencias a largo plazo.
El encarecimiento del carburante repercute de manera directa en múltiples ámbitos de la actividad agraria. Aunque el impacto más visible se nota en la maquinaria agrícola, no es el único factor que presiona los costes. La subida del gas y de la electricidad añade nuevas dificultades a unas explotaciones que operan con márgenes muy ajustados.
El problema se intensifica porque los incrementos de precios se aplican de inmediato, mientras que las bajadas tardan mucho en reflejarse, manteniendo los costes elevados durante más tiempo.
La presidenta de Unió de Pagesos de Menorca, Margarida Llambías, señala que este aumento de precios influye también en la compra de recursos esenciales para los productores agrarios fuera de la Isla, así como en la adquisición de fertilizantes, abonos y pienso. Una realidad difícil que complica aún más la sostenibilidad económica de las explotaciones agrarias. «Si los costes siguen subiendo y los ingresos no acompañan, muchos acabarán teniendo que deshacerse de animales», lamenta.
Desde l’Associació Frisona Balear, su presidente, Jaume Moll Florit, y el secretario general, José Ramón de Olives, también mostraron ayer su inquietud en la presentación de la nueva edición de la Fira del Camp d’Alaior. «Ya pagamos precios muy elevados hace años y ahora estaban bastante asequibles. Con esta nueva subida habrá que asumir costes y reducir rendimientos que antes eran netos y que ahora se convertirán en gastos», explicaron.
Las ganancias se disminuyen a medida que los costes crecen y lo que hasta ahora era dinero que se podía considerar beneficio se tendrá que gastar para intentar mantener la actividad. Este encarecimiento generalizado amenaza con profundizar la crisis que atraviesa el campo menorquín y complica la viabilidad de las explotaciones agrarias.
A importar carne de Mongolia, porque cuando al ganado se le ocurra pedir aumento de sueldo además de costos de insumos, será la cagada. Comeremos arroz con arroz (importado) y que las vacas locales se paseen.