Joan Romero González (Albacete, 1953) disertará este viernes en el Ateneu de Maó (19.30 horas) sobre los cambios que deben producirse en la gestión y la prevención de los impactos naturales. Vivió de cerca la dana que alteró el día a día en la Comunidad Valenciana, el 29 de octubre de 2024, así como la gestión realizada durante y después del episodio que causó 238 fallecidos. La conferencia se titula «Cambio climático y riesgos ambientales en el Mediterráneo».
¿Qué ha supuesto la dana?
—La dana ha sido el ejemplo más dramático de lo que la comunidad científica viene diciendo durante décadas. El Mediterráneo es una de las zonas más afectadas del mundo por el cambio climático. En nuestro país tiene un carácter estructural y los fenómenos serán cada vez más extremos, más recurrentes y no serán aislados, sino cada vez más conectados. Estamos frente a un cambio de paradigma. Los fenómenos se están acoplando, se encadenan y generan impactos acumulativos.
Quedó clara la falta de coordinación entre instituciones.
—Somos un Estado muy complejo, muy descentralizado, funcionalmente federal, pero sin cultura federal. Llevo cuatro décadas estudiando nuestro modelo de gobernanza y lo he definido siempre como un modelo de federalismo incompleto y disfuncional. Esto significa que, para abordar problemas con vinculación al cambio climático y el territorio, debemos ser conscientes de que es un modelo que obliga a la coordinación entre las distintas administraciones.
¿Qué nos enseñó la dana?
—Demostró muchas evidencias: El desorden territorial; las costuras de un Estado autonómico puesto a prueba, que demostró estar preparado para la gestión ordinaria, pero no para la extraordinaria. Demostró la manera de entender la política, incluso en contextos tan dramáticos, la polarización estuvo por encima de la voluntad de acuerdos y consensos. Demostró la inexistencia de competencias exclusivas, en política territorial ambiental, porque todos tienen algo que decir. El Gobierno central y el autonómico crearon dos planes de recuperación en paralelo y diferentes y ha tenido que pasar año y medio para constituir una comisión mixta, para hablar de forma conjunta sobre la recuperación del área afectada. La cooperación continúa siendo una gran agenda pendiente
¿Eso es normal?
—Somos la anomalía europea. Salvo el área metropolitana de Barcelona, el resto de áreas metropolitanas no tienen ningún tipo de gobernanza metropolitana, un mecanismo de gobierno de escala supramunicipal.
Creo que están elaborando un Plan Director Metropolitano.
—Sí, me han encargado que prepare las bases de un Plan Director Metropolitano para la región de Valencia, que incluye 78 municipios. Un grupo de colegas de la comunidad académica, técnicos y especialistas estamos haciendo un diagnóstico, de cómo está la situación, en inversiones, en dinámicas de población, de movilidad, de vivienda, para equipar infraestructuras para adaptarse al cambio climático.
¿Por qué les cuesta tanto a las instituciones anticiparse?
—Hay un desacoplamiento muy grande entre tiempo y contextos, y hay estrategias deliberadas. Hay un tiempo político, que es de 48 meses en democracia; un tiempo económico, que tiene que medirse, por lo menos, en una década; y el tiempo ambiental, que tiene que medirse en tres o cuatro décadas. El problema es que el tiempo político prevalece sobre los otros. Luego, los contextos son específicos y singulares, y son determinantes.
¿En qué sentido?
—Con las mismas normas, leyes, reglamentos, etcétera, los contextos específicos pueden determinar la evolución de un territorio en una u otra dirección, completamente distinta. Sin salir de Balears, Eivissa y Menorca.
¿Y las estrategias deliberadas?
—Hay estrategias deliberadas de desinformación y polarización, mediante técnicas de marketing político, para desacreditar a la comunidad científica y reducir la confianza en la academia, la ciencia y los medios de comunicación tradicionales. Aquí hay una batalla.
¿Cree necesario plantear una reorganización del Estado?
—Me conformaría con bastante menos, con que los actores políticos actuales tuvieran un mínimo de sentido de Estado y trabajaran con voluntad de acuerdo. Que encontraran espacios de consenso en cuestiones fundamentales, como lo es el cambio climático. Los efectos que tendrá obliga a anticipar escenarios que van a venir, con políticas de larga duración, porque el cambio político no entiende de ideologías ni de ciclos políticos. Porque los efectos se van a producir y serán más extremos, más profundos y afectará a la economía, a la vida de la gente, a la salud, y nos lo tenemos que tomar muy en serio.
¿Qué más ha enseñado la dana de Valencia?
—Que la comunidad científica está haciendo bien su trabajo. Pero la verdad científica no es suficiente. Necesitamos una gran alianza, de sociedad civil, comunidad científica y medios de comunicación. Ustedes son fundamentales en los procesos de maduración de contextos socioculturales, para romper la tiranía del ciclo político de 48 meses y situar en la agenda social, de manera mayoritaria, que estamos ante retos que son existenciales. El Premio Nobel, Edward Rubin, dijo que «el voto es lo más importante que tenemos para frenar el cambio climático». Es decir, el cambio climático se dirimirá en las urnas. Necesitamos mayorías sociales si queremos lograr avances. En eso Menorca es el mejor ejemplo y muchos de nosotros llevamos dos décadas explicando que es el mejor caso de buenas prácticas en todo el Mediterráneo, de cómo se tienen que hacer las cosas. Ustedes aprobaron en 2003 el Plan Territorial Insular, que es un referente, no solo en España, sino en todo el Mediterráneo. En las universidades se pone el PTI como ejemplo, porque realmente es una guía. Además, igual que Canarias, Balears tienen la capacidad de hacer políticas supramunicipales, con los consells insulars. Menorca tiene una característica, para mí muy singular y muy importante: Una fuertísima identidad de su ciudadanía, con un vínculo muy profundo con su territorio, con su historia y su cultura. Y eso explica ese consenso que se logró. En su momento leí una frase que me gustó mucho: «el PTI es la constitución territorial de Menorca», es decir, un gran pacto territorial.
LuisEl agujero de la capa fe ozono? Pues, por suerte, reduciéndose. Sabes por qué? Pues gracias a una cosa que se llama Protocolo de Montreal, que en 1987 limitó las emisiones de CFCs, los componentes que llevaban arosoles, aires acondicionados y otros. No todo tienen que ser malas noticias. Pero de bulo no tiene nada: se vio un error, se llegó a un acuerdo y se subsanó, como debe hacerse. Por suerte, en aquel tiempo no había redes sociales llenas de cuñados diciendo chorradas ni llamando woke y buenista a todo el mundo.