¿Y si algunos comportamientos que le preocupan de su gato fueran en realidad mensajes que no llega a comprender? Marieta Jiménez (Ciutadella, 1981), profesional de la etología felina aunque rompe con las estructuras tradicionales y prefiere definirse como experta en gatos, dedica su vida y trabajo a estos animales. Los gatos «son muy sensibles y finos en la lectura del entorno», y su forma de vincularse con los humanos es tal vez «más silenciosa» que la de los perros pero «muy profunda», asegura.
En Instagram, en un perfil que toma el nombre de su proyecto, Felicidad Felina, tiene 115.000 seguidores o felilovers, como los llama, y desde la red social difunde posts educativos en los que, como si los gatos hablaran, se abordan los problemas más comunes. Ahora se lanza a otra aventura, la publicación del libro «El idioma secreto de los gatos. Cómo el vínculo y las emociones impactan en el comportamiento de tu gato», ya en preventa, y que estará en las librerías por Sant Jordi.
Un libro que «es un viaje» y que nace de su necesidad de lograr que los gatos «dejen de ser incomprendidos».
Asesora a familias que conviven con gatos en todo el mundo, desde Latinoamérica yEstados Unidos a Praga ¿qué cuestiones le plantean?
—Muchos problemas son patológicos, físicos, pero en especial hablamos de conducta, desde lo más básico, como micciones fuera del arenero, a cosas complejas, como personas que, cada vez que se van de viaje, su gato padece una gran alergia y se automutila. Para resolverlos me gusta meterme en el ecosistema de la familia. No sigo patrones, me dejo llevar por su historia, necesito saber qué han vivido, qué hay detrás, porque al final el gato se mimetiza con esas experiencias del entorno. Últimamente me llaman mucho para tratar de un modo más integrativo problemas como las alergias y las cistitis idiopáticas, muy comunes en gatos.
¿En qué difieren sus consejos y tratamientos de las prácticas tradicionales?
—Yo me formé como etóloga pero me di cuenta de que el planteamiento que existía no estaba alineado con lo que yo buscaba. Necesitaba enfoques más integrativos para tratar a los gatos, no solo basados en lo químico, y también comprender su emocionalidad, su psique, su sensibilidad. Esas dudas me llevaron hacia un camino de exploración y formación. Lo que es importante entender es que el comportamiento no es algo aleatorio sino que es una reacción, yo intento buscar el origen, las raíces emocionales de los síntomas. Hay partes del gato que vi que en la etología clásica no estaban siendo escuchadas. El gato siempre ha sido estudiado desde el punto de vista biológico en estado salvaje o en laboratorio, pero no en los hogares, indoor.
¿Cuáles son las lagunas de la etología clásica respecto a los felinos indoor?
—Para mí la gran grieta es la complejidad del gato, se ha reducido su esencia y simplificado su comportamiento, no es simple para nada. Lo que ocurre es que no expresa de manera exagerada, sus señales son sutiles, no avisa de modo claro, y si no lo comprendes, es cuando se da la desconexión.
¿Los gatos son animales incomprendidos?
—La respuesta es profundamente sí, lo son, aunque en unos contextos más que en otros. Durante mucho tiempo se les ha mirado en comparación con otras especies, como el perro, y eso ha distorsionado la forma de entenderlo. No es tan independiente, como siempre se ha dicho, su sistema límbico es tan sensible prácticamente como el del humano, son muy, muy finos en la lectura del entorno, de los cambios, del estado emocional de las personas con las que conviven. Tienen una forma de vincularse con ellas menos evidente pero muy profunda.
Usted afirma que esos felinos de interior están enfermando en masa ¿por qué?
—Comprobamos que hay gatos que, pese a llevar una buena alimentación, que es clave, enferman, a menudo con problemas renales, y mueren por ello. Durante mucho tiempo cuando se han estudiado los gatos se ha dejado fuera algo fundamental, que es su parte emocional. Cuando eso no se tiene en cuenta, aparece la desconexión y se dan conductas que se etiquetan como problemas, pero que acaban somatizando como enfermedad. Muchas veces lo que hay es un mensaje que no está siendo escuchado.
¿Cómo se puede saber si el gato está a gusto en la familia?
—Lo importante es saber si se siente seguro con nosotros, nos hemos acostumbrado a imponerle la relación, tanto con humanos como con otros de su misma especie o de una distinta. Para el gato la seguridad es la base de todo, si la tiene, se acerca de forma voluntaria, parpadea lento, juega e interactúa, su lenguaje corporal es suave y fluido. En cambio, cuando no se siente seguro, aparece la activación, te evita, está en tensión, con picos de cortisol constantes, eso da una respuesta inflamatoria que influye en la enfermedad. Ellos no eligen con quién conviven, organizamos su vida desde la lógica humana, aunque lo hagamos creyendo que es amor. Hay que incluirlo en el hogar de forma respetuosa, porque son extremadamente sensibles incluso a la estructura del espacio, a cambios de muebles, por ejemplo.
Y como puedo evitar que el gato del vecino entre en mi jardín?