«Más que destacar eventos, quiero subrayar la consolidación de un estilo sinodal y participativo de los fieles de Menorca en los procesos de decisión», responde el obispo Gerard Villalonga al ser preguntado por «Es Diari» sobre el aspecto más destacado de sus tres años al frente de la Diócesis.
Hoy se cumple el tercer aniversario de la ordenación episcopal del pastor de la Iglesia menorquina. «El ambiente de comunicación interna -añade- facilita la evangelización y consolida una Iglesia vocacional en la que florecen los compromisos en los distintos estados de vida y carismas: voluntariados, vida matrimonial y familiar, vida consagrada, sacerdocio y diaconado. Todo es vocación y misión. Surge una nueva primavera eclesial con los brotes de un renacer, que ya vislumbramos».
Hoja de ruta del prelado
«Me gustaría celebrar la Eucaristía con mis hermanos sacerdotes de Menorca en el retiro que hoy celebran en El Toro pero al asistir a la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española que esta semana tiene lugar en Madrid, participaré en la concelebración eucarística con mis hermanos obispos en la capilla de la Sucesión Apostólica de la calle Añastro, sede de la CEE», explica.
Entre los objetivos e iniciativas que promueve, el obispo Gerard alude a «continuar la construcción del templo espiritual de los menorquines, tal como manifesté en el primer mensaje tras hacerse público mi nombramiento episcopal, sin descuidar los aspectos materiales».
La hoja de ruta del titular de la sede de Severo se resume en «impulsar los proyectos de evangelización hacia dentro y hacia fuera, apoyar y fortalecer la labor acogedora y solidaria que lleva a cabo Cáritas en el conjunto de la Diócesis y en las parroquias; gestionar y concluir el proyecto de restauración integral del Santuario de Monte Toro y sus dependencias, reformando y ampliando las casas de convivencias para los jóvenes».
«Evangelizar sin miedo»
El mensaje de Gerard Villalonga consiste en «evangelizar sin miedo, poniendo en el centro a Jesús muerto y resucitado, porque es el pan de vida que nos nutre. El ha salido vencedor y victorioso; nos fortalece y ahuyenta el pesimismo y la desesperanza. Como nos advirtió el papa Francisco, a veces parecemos un desfile de generales derrotados en lugar de ser los valientes y alegres apóstoles del Resucitado que nos envía a predicar el Evangelio».