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Los forenses de Menorca han realizado este año 12 autopsias por muertes violentas o sospechosas de criminalidad

En lo que va de año, el Instituto de Medicina Legal ha emitido nueve informes por la denuncia de agresiones sexuales a mujeres de entre 15 y 50 años

La mesa sobre la que se realizan las autopsias en Menorca, en la sala situada junto al tanatorio de Maó.   

| Menorca |

Ocho de cada 100 personas fallecidas este año en Menorca, hasta principios de diciembre, han precisado que sus cuerpos hayan sido sometidos a una autopsia, con el propósito de averiguar qué causas fueron las determinantes para acabar provocando su muerte.

Han sido un total de 594 los decesos hasta entonces y, de estos, 49 cadáveres han pasado por la mesa de la sala de autopsias ubicada en el Tanatorio de Maó, junto al Cementerio Municipal. Allí, los cuerpos inertes han sido objeto de investigación a cargo de las dos médicas que forman el cuerpo forense de la subdirección insular del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Balears.

La cifra, que se divide en 36 hombres y 13 mujeres, estabiliza los registros que disminuyeron durante los años de la pandemia, cuando se evitaba la realización de las necropsias para reducir el riesgo de contagios si no era estrictamente necesario hacerlas. Las últimas ejecutadas recientemente han correspondido a una mujer que fue hallada ahogada en Cala Llonga y, esta misma semana pasada, la de un hombre británico que fue encontrado muerto por su esposa en Es Castell.

12 por muertes violentas

En la clasificación del año que finaliza, 12 de las autopsias se han hecho por muertes violentas o sospechosas de criminalidad, mientras que otras 19 personas habían fallecido por causas naturales, pero fue preciso hacerles la necropsia, porque no había datos determinantes sobre su historial clínico.

En esta subclasificación figuran los turistas que perecieron durante su estancia en la Isla, mientras que en la de muertes violentas, entre otras, se contabilizan las personas que fallecieron ahogadas, se suicidaron o fueron víctimas de accidentes de tráfico, dos en 2023, un motorista en la carretera de Maó a Fornells y una mujer atropellada en el centro de Ciutadella.

Otras 12 autopsias se hicieron en muertes ya certificadas, es decir, que después del levantamiento del cadáver, sin que hubiera sospecha de violencia, se obtuvo suficiente información de antecedentes patológicos para certificar la causa de muerte sin necesidad de una autopsia al uso, salvo una exploración mínimamente invasiva, en la que se toman muestras biológicas como sangre o humor vítreo. En todo caso, se contabilizan como autopsias realizadas, porque se tramitan diligencias al juzgado.

Nueve revisiones por agresión sexual

Entre los otros cometidos que realizan las forenses de la Isla para servir información a los jueces destacan este año nueve informes exhaustivos por otras tantas agresiones sexuales a mujeres de entre 15 y 50 años. La cifra es algo inferior a la de 2022 y muy superior a la de 2021 (4).

Las dos forenses, según la que esté de guardia, acuden al Hospital Mateu Orfila para examinar a las víctimas, en muchas de las ocasiones, porque el propio hospital activa el protocolo de agresiones sexuales, al igual que sucede con las mujeres que precisan atención por haber sufrido lesiones físicas de maltrato.

El apunte

En tres años han aparecido siete cadáveres desconocidos de los que dos han sido identificados

Desde 2020, la subdirección insular del Instituto de Medicina Legal de Balears ha tenido que realizar la autopsia a siete restos mortales de personas fallecidas que habían sido halladas en la Isla, la mayoría de ellas arribadas a la costa menorquina por el impulso de la marea. Entre esos siete cadáveres, algunos de los cuales habían sido descubiertos en avanzado estado de descomposición por el tiempo transcurrido desde su fallecimiento, solo han podido ser identificados dos a partir de los resultados de las muestras de ADN y las enviadas por las forenses al Instituto de Toxicología y Ciencias Forenses de Barcelona tras las autopsias. Uno correspondía al de un hombre que había desaparecido en Sant Adrià de Besós y otro, al de un pescador de origen argelino.

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