Mahonés de nacimiento, pero profundamente mercadalenc de adopción, Joan Llabrés Guitart cuelga el uniforme que ha sido su otra piel durante los últimos 42 años, la mayoría de ellos como jefe de la Policía Local de Es Mercadal.
Se jubila el agente de mayor edad de la Isla en activo, al cumplir los 64 años, un policía vocacional que ni siquiera ha querido acogerse a la segunda actividad para ocupar un cargo más administrativo con el paso de los años, sino que se ha mantenido en servicio hasta el último día.
No es de extrañar, por tanto, que el Ayuntamiento de Es Mercadal le rindiera un sentido homenaje el viernes en la Sala Multifuncional coincidiendo con el fin de su larga etapa profesional.
¿Ha aguantado usted hasta, prácticamente la edad de jubilación, en pleno servicio, lo que no resulta demasiado frecuente en un policía?
—Sí, lo sé, pero soy un policía vocacional y me ha gustado mucho mi trabajo. Podía haberme ido a los 59 años pero he seguido hasta ahora porque ya es tiempo de marcharse, todo está informatizado y adaptarse a estas nuevas tecnologías no es sencillo, y también porque los problemas que tenemos por las limitaciones de personal que queman mucho. Cuesta lidiar con estas carencias a diario, y de acuerdo con la familia he creído que ya era el momento de parar.
¿Por qué le ha satisfecho tanto su trabajo?
—Porque es reconfortante ayudar a tus vecinos. En Es Mercadal y Fornells siempre me han recibido bien, han sido agradecidos, y el trato es muy cercano. Si tuviera que volver a empezar me haría policía local de nuevo. Nunca he tenido dudas para cambiar de trabajo.
¿Cómo fueron sus inicios?
—Me gustaba la Policía Local y mi padre me dijo que podía ser una buena salida laboral. En 1983 vi un anuncio para realizar una sustitución como auxiliar de policía en Sant Lluís, aún sin formación. Lo probé, me gustó, y al cabo de 11 meses entre en la Policía Local de Maó, ya por oposición. Allí estuve seis años, y cuando salió el puesto de oficial en Es Mercadal me presenté y aquí he permanecido desde enero de 1990. Más tarde saqué el curso de subinspector -antes, sargento- pero siempre he ocupado el puesto de jefe de Es Mercadal.
¿Ha tenido usted la feliz coincidencia de poder trabajar con su hijo?
—Desde que era pequeño ya quería ser policía como yo, y ahora ya lleva 4 años en la prefectura conmigo. Ha seguido la vocación porque creció viéndome en este trabajo.
¿Cuál ha sido la faceta más complicada de su ejercicio profesional?
—Pues informar a alguien de la muerte de un familiar por accidente de tráfico o cualquier otra causa es lo peor de ser policía. Es muy difícil hacerlo. Dar la noticia a una madre que ha perdido a su hijo es algo muy complicado. Estar en el accidente es duro pero dar la información a la familia lo es mucho más.
¿Con una veintena de agentes en Es Mercadal, cómo lo hacen para cubrir todo el municipio en la temporada estival, contando las urbanizaciones?
—Hay que hacer horas extras y suspender turnos porque la gente está cansada, pero nos crea muchas limitaciones. Siempre hemos tenido una plantilla muy justa pero con la Ley Montoro no se podían crear nuevas plazas, y eso nos obliga, en ocasiones a cerrar turnos, principalmente los de la noche. Es una de las razones por las que me voy, no quiero sufrir más por esto.
¿Cuántos policías hay ahora en Es Mercadal?
—Somos 21 pero con dos en segunda actividad y varios que están de baja. Que hagan servicio en la calle son solo 16. Necesitaríamos al menos tener cuatro agentes por cada turno y no podemos. Pedimos que se amplíe el cuerpo y en eso está el Ayuntamiento.
Ahí está la Guardia Civil de Es Mercadal para echar un capote, ¿no?
—Sí, tenemos muy buena colaboración con ellos, y cuando cerramos un turno de noche nuestro teléfono se desvía directamente al de ellos cuando nos llaman, pero siempre nos apoyamos los unos a los otros cuando es necesario.
¿Cómo ha cambiado la Policía Local desde sus comienzos hasta ahora?
—Muchísimo. Actualmente la oposición para entrar es muy dura y después tienen que pasar un curso de formación muy exigente. Antes era mucho más sencillo, no había tanto trabajo y ahora tenemos muchas competencias que debemos atender. No tiene nada que ver, aunque para mi sigue siendo un trabajo agradable y muy entretenido por todo lo que tenemos que hacer en tantas materias y por el trato con los vecinos. El problema, repito, es que somos muy pocos.
Usted ha vivido varios episodios en el complejo de okupas de Son Parc. ¿Ha llegado a ser peligroso acudir allí?
—Sí, pero nosotros íbamos normalmente junto a la Guardia Civil. A veces para llevar una simple notificación acudíamos dos patrullas porque era complicado llegar allí con el coche policial y avisábamos a la Guardia Civil. Ahora está más tranquilo, menos mal.
Bona jubilacio Joan Un policía com pocs.