El viento que golpeaba el lateral de la enorme montaña de residuos, de unos 20 metros de altura, en la planta de Milà, facilitó el martes por la tarde una nueva combustión por la penetración del oxígeno que derivó en otro incendio más al establecer contacto con restos inflamables.
Ardieron unos 300 metros cuadrados de la montaña que ya se considera clausurada pero que todavía no dispone de la lona con la que se tapan las que se dan por terminadas debido a la altura que han alcanzado.
La empresa concesionaria disponía de acopios de tierra que pudo ser lanzada sobre el tramo incendiado de la montaña cuando los bomberos del Consell y una dotación del Ibanat dieron el fuego por controlado. Dos excavadoras fueron lanzando arena hasta bien entrada la noche para evitar un rebrote. Al ser la montaña tan profunda el agua lanzada no basta, salvo que sea una lluvia persistente de varios días, para eliminar el peligro total de un rebrote, explicó el jefe del servicio, Juanjo Franch.
La vigilancia permanente de la planta permitió a bomberos y Policía Local acudir con celeridad. El incendio repitió las características de los anteriores pero en esta ocasión fue de menor trascendencia.