El psicólogo menorquín Sebastià Llufriu, que luce espléndidos sus 80 años, ha sido capaz de descender hasta lo más profundo de una pirámide egipcia, en la necrópolis de Guiza, junto al Nilo, superando por eso un camino de bajada angosto, poco amable y menos recomendable para según qué edades.
Pero Llufriu, en el que es su segundo viaje a la tierra de los faraones –en este le acompañan su esposa, Teresa, y su hijo mayor, David–, fue fiel a su espíritu intrépido y aventurero y no malgastó una oportunidad única de visitar el denominado pozo subterráneo, que hace las veces de sótano funerario del faraón Micerino, en la pirámide de Micerinos, una de las más famosas de Egipto y situada a 20 kilómetros de El Cairo.