Antònia ‘Nieta’ Cardona Pons (Maó, 1960) lleva alrededor de medio año disfrutando de su jubilación, merecida y devenida después de cuatro decenios de comprometida e impecable labor en la Biblioteca Pública de Maó como bibliotecaria del área infantil y del archivo histórico.
Tan prolongado periodo concede margen para un amplio ramillete de vivencias, anécdotas y experiencias. No en vano, ha aconsejado, asesorado u orientado, en términos literarios o de investigación, a numerosas generaciones de mahoneses y menorquines, desde el 84 hasta el presente. Una vida dedicada a los libros que sintetizamos en unas pocas líneas.
Nieta, como se la conoce en todo ámbito, estudió en la extinta Academus, donde ahora se enclava la Óptica Riera. Hizo también un año en el ‘Mare de Déu de Gràcia’, que precedió su incursión en el instituto, el actual ‘Joan Ramis’, donde hizo el bachillerato. En esa época, paralelamente, fue forjando su amor por la lectura. «Siendo niña iba con mi abuelo a Can Fiol, frente a la pescadería, allí prestaban cuentos, novelas... salía siempre cargada; y a los 13-14 años empecé a frecuentar la biblioteca de La Caixa, en la calle Norte. Me gustaba la tranquilidad y el silencio que se respiraba allí», evoca nuestra protagonista sobre sus primeros contactos con el elemento que terminó por convertirse en su herramienta de trabajo. La transición de lo que entonces era una incipiente afición, a ser vocación y profesión ocurrió después.
«Marché a Barcelona a estudiar Geografía e Historia, había una asignatura que era biblioteconomía y me gustaba mucho. Y un día Maite Orfila me comentó que trabajaba en la biblioteca del ‘Ramis’, se liberó allí la plaza y entré. Me encantó. Ya en el 84 me acerqué a la Biblioteca Pública, se preparaba el traslado al edificio de la calle Vasallo para empezar las obras en Can Mercadal. Me tomaron el nombre y al cabo de unas semanas me ofrecieron un contrato de un par de meses», abunda Nieta Cardona para desglosar como se produjo su incorporación a la biblioteca, enfrascada en la época en «un exigente» mudanza de libros y material a lo que hasta 1988 fue su local provisional.
Nieta pasó a ser interina en 1987, y en 1991 superó las oposiciones y se hizo con la plaza. Sumó muchas horas y volumen de tarea, también por la falta de suficiente personal, «pero se formó un buen grupo de trabajo y me gustaban mis funciones».
Confiesa que más allá de las puntuales molestias que le ocasionaron algunos adolescentes hace ya lustros, «que venían a hacer ruido, molestar o echar pintadas en los baños», se ha sentido encantada de trabajar de cara al público, «me gusta mucho el trato con el usuario, con la gente».
Desde sus albores en la profesión hasta su epílogo ha vivido en primera línea la metamorfosis a que ha sido abocado el gremio por los cambios sociales y la aparición de las nuevas tecnologías, si bien el primer cambio sustancial lo notó incluso con antelación, al retorno de Pancho Sánchez, a la sazón director, de unas jornadas internacionales en Finlandia, «y dijo que había que estimular más el préstamo de libros, no ser tanto un lugar de consulta o estudio».
«Reorganizamos todo, también la sala de consulta y allí se me ‘rompió el corazón’, era mi espacio. Pero empezamos a comprar más libros, a tener más presupuesto...». Posteriormente, ya en el umbral del nuevo siglo, llegó la compra de ordenadores, «y casi nos convertimos en un ‘Café Internet’, pero sin poner cafés. Los jóvenes solo venían para jugar, aunque poco a poco, a medida que la gente empezó a tener las pantallas en casa, recuperamos ‘la atmósfera bibliotecaria’». Otro capítulo curioso se daba en verano. «No había entonces ‘escola d’estiu’ y eso se llenaba de niños, también muchos inmigrantes, que se sacaban el carné para demostrar que eran residentes». O cuando un profesor de la japonesa universidad de Osaka «vino expresamente hasta aquí para ver el ‘El diario del capitán Roca’, del siglo XVIII».
Internet
El impacto de internet y las redes sociales ha sido brutal a todos los niveles, pero la ‘biblio’ ha sabido mantener su espacio. «Prestas la mitad de libros que antes, pero viene gente, también para tener su espacio para estudiar o trabajar con tranquilidad», observa Nieta en ese sentido.
Considera, y así se lo transmite gente de fuera de la Isla, «que Maó cuenta con una gran biblioteca», tanto por el material y documentación que atesora como por el idílico sitio en que se alza, el Palau Mercadal.
Ensalza el nivel de lectura de los niños de Maó, «en los colegios se ha sabido inculcar el amor por los libros», y tras reconocer que dedicará su jubilación a «viajar, disfrutar de mi familia y de las plantas, otra de mis pasiones», se reconoce «una privilegiada» por haber podido dedicar cuatro décadas de su vida a una profesión que «he disfrutado» de principio a fin. Nieta Cardona, 40 años entre libros.
Per a mi ha estat una gran satisfaccció haver pogut traballar colze a colze amb ella. Una gran professional i una gran persona. T’enyor, Nieta, i a tot el que ens envoltava.