Carla Gelabert Gomila (Maó, 33 años) es deportista, artista, apasionada de la vida y, como diría aquel célebre spot de una marca de cerveza, ciudadana de un lugar llamado mundo. Reside en nuestras Antípodas, Oceanía, desde hace casi un decenio, donde ejerce de paracaidista y protagoniza espectáculos de fuego.
Anheló viajar y especialmente, «desde niña», vivir en Nueva Zelanda, conocerla, explorarla... por el influjo que en su día tuvo en ella la saga cinematográfica de ‘El Señor de los Anillos’ y por la ingente presencia de «deportes de adrenalina» que allá se cultivan, confiesa, lo que derivó en un baldío primer intento por instalarse a los 21 años.
«Al acabar la carrera (es fisioterapeuta y osteópata) hice un año en Irlanda y pedí el visado neozelandés, que me denegaron», rememora. A base de insistir su ambición cristalizó en 2018, cuatro años después, cuando se le tramitó el llamado Working Holiday para establecerse en la nación que se enclava al suroeste del Pacífico.
Las Islas Cook, Vanuatu y Australia, donde reside desde hace seis años, han sido sus siguientes destinos en la latitud oceánica, sin dejar de moverse entre ciudades o regiones. Allí ha trabajado, conocido gente y lugares, pero le sobreviene ahora otro hándicap: el permiso de estancia tiene fecha de caducidad, de ahí que hace tres años iniciara los trámites para obtener el visado de artista. «Espero tener una respuesta a finales de año, de una manera u otra ya me toca salir del país», explica.
«Mi segunda casa»
En caso de que dicho objetivo no se materialice, y aunque siente Australia como su «segunda casa», donde ha labrado amistades «que serán para siempre», nuestra protagonista no se resignará. «Seguiré viajando por el Pacífico, hasta Asia, me quedan muchos países por conocer, en los últimos ocho años no he vivido más de cinco meses en ningún sitio», detalla.
Aparcando el futuro, aun por escribir, buceamos en el día a día australiano de Carla. En términos laborales oscila entre el cielo y el fuego. Nunca mejor dicho. Durante el día trabaja en el gremio del paracaidismo, «empaquetando paracaidas y saltando, haciendo los vídeos de los tándems que se lanzan al vacío». Desde 2024 posee el certificado para ello y de entre sus múltiples saltos destaca «Innisfail, a hora y media de Cairns; desde el avión se ve la Gran Barrera de Coral y aterrizas en la playa de Kurrimine, una de las paranorámicas más bonitas que he visto nunca desde el cielo; y en Airlie Beach se ven las islas Whitsundays». Y en la franja vespertina se transforma en artista de fuego. Literalmente, se lo come.
«Subí a un escenario por primera vez con una artista española, Margarita Rodríguez León, cuando llevaba un par de años en Australia; con su apoyo y guía empecé a hacer espectáculos de fuego por la West Coast, en festivales y eventos privados, viajé por todo el país y me junté con la compañía Buenos Nachos, con la que pude cumplir mi sueño en un espectáculo de cabaret en teatro», relata. Ha tomado parte en el Cairns Festival of Arts y en el National Australian Festival of Arts 2025, lo que desea repetir este 2026.
Nieta y bisnieta de sastres por vía materna, hija y nieta de bisuteros por la paterna, que no dejan de ser ocupaciones con su punto creativo, de artista, Carla no se atreve a asegurar si su vena artística y afán creativo proviene de esa cuestión de genética. «A su manera toda persona es artista», y depende «de si le damos espacio a ese arte para ser creado o expresado». En su caso, además de practicar mucho deporte desde niña, hacer teatro y baile, admite la ascendencia que han tenido en ella otros artistas, en esencia oceánicos; de fuego, de circo, músicos... «me siento afortunada por estar rodeada de tanto talento», subraya.
Por último, y aunque echa de menos familia, amigos, comida y playas menorquinas, ve «difícil» un pronto retorno a sus orígenes, «pues me queda mucho por ver». Pero si algún día frena, «no hay sitio como Menorca para asentarse», apostilla. Pero de momento, la vida de Carla Gelabert está al otro lado del mundo, en Australia, entre el cielo y el fuego.
Quina vida més fantàstica, enhorabona. Quantes lliçons es poden aprendre del que explica. La seva determinació, la seva empenta, la seva independència, la seva dedicació al assolir un objectiu, hauria d'explicar-se a les escoles. Admirable. Fins i tot potser podria donar alguna xerrada per vídeo-conferència ....