Síguenos F Y T I T R
Hoy es noticiaEs noticia:

De Menorca al Pacífico: la increíble vuelta al mundo de Hans Geilinger e Inma en velero

El arquitecto suizo relata en el Club Marítimo de Mahón su épica travesía junto a su esposa, entre tormentas, piratas y paradisíacas islas

Anclado en aguas del Pacífico Sur, el «Tuvalú», el velero de solo doce metros de eslora que, convenientemente adaptado y equipado, ha permitido a Hans e Inma navegar por aguas de todo el planeta. | Foto: Hans Geilinger

| Menorca |

Hans Geilinger, arquitecto suizo entonces con estudio propio en Zúrich, inició en 2011, el día que cumplió 50 años, la vuelta al mundo con el «Tuvalú», un velero de únicamente doce metros de eslora. Una aventura compartida con su esposa Inma que ha durado doce años e implicado 51.000 millas náuticas de circunnavegación.

A cambio ha podido conocer rincones del planeta apenas concurridos y explorados, además de esa paz que únicamente concede el mar y un sinfín de experiencias en el contexto de las más diversas civilizaciones y culturas. Este miércoles, a partir de las 19 horas en el Club Marítimo de Mahón, diserta sobre ellas en el marco de la presentación del libro en el que narra su particular odisea, que precisamente tuvo en nuestra Menorca, una isla «preciosa» por la que Hans y su mujer irradian «pasión», su primera estación.

El navegante helvético sostiene un koala en Gloucester, Australia.

La decisión de emprender un reto tan homérico –puesto que en su caso, nunca mejor dicho, lo importante ha sido el viaje– se empezó a fraguar en 2004, a siete años de su partida, al adquirir el «Tuvalú». No en vano, el nombre que se dio al barco, en alusión al país-archipiélago que se enclava en mitad de la nada en el océano Pacífico, «ya fue toda una declaración de intenciones», evoca Hans.

Pero fue amarrados en las islas griegas de Mykonos, en 2010, tras coincidir con unos españoles que precisamente volteaban el mundo, cuando su mujer le planteó emular tal empresa. «Tardé medio segundo en decir que sí», desvela nuestro protagonista, a lo que siguió una concienzuda preparación, en esencia del velero, previsto para navegar por el Mediterráneo pero que cabía adaptar y equipar convenientemente para surcar el globo terráqueo. Suministro eléctrico, placas solares, piloto de viento para una mayor seguridad en la gobernación, tecnología para comunicaciones…

«El primer destino fue Menorca, lo quisimos así, después, rumbo a Gibraltar, Islas Canarias... Algo así te cambia la vida, en el mar no hay filtros», sigue Hans Geilinger. Se tuvo que lidiar con todo tipo de adversidades, «pero en la vida hay que quedarse con lo positivo». Como la travesía por el Pacífico para ir de islas Galápagos a las Marquesas y sus consiguientes «e increíbles» cinco semanas de tranquilidad, meditación... con las olas, la salida y puesta de sol.

Eso sí, «estuvimos cerca de perder el barco una o dos veces cada año, siempre por mi culpa», hubo que encarar tormentas, vientos, tsunamis… y hasta un barco pirata, en aguas de Yemen, desde el que le encañonaron tres rifles AK-47. Pero «reaccionas ante todo, hay que ver cualquier crisis o problema como una oportunidad». Al margen de lo filosófico de un desafío así; el hombre ante los elementos, y que propicia muchos replanteamientos, como el «concepto de lujo que tenemos». «Un piso, un coche, dinero... Hay islas en las que vives sin dinero, pero tienes todo el tiempo para ti, ese es el verdadero lujo», desglosa Hans.

En pareja

Asimismo el viaje, repercutió del mejor modo en la vida de la pareja como tal. «El Mediterráneo es una cosa, esto era otra, navegación oceánica. Aquí compartes un objetivo muy definido, es lo bonito», remarca Hans. «En la vida terrestre cada uno tiene su trabajo, sus cosas. En medio del Pacífico no, los dos vivís el temporal o lo que sea. Hacéis guardias de noche, hay que confiar, es clave… une mucho un viaje así, pocas veces en la vida lo tienes», abunda el arquitecto y navegante helvético, que comenta también, relativizando los riesgos que entraña una aventura de este calibre: «mi mujer se rompió el tobillo en Barcelona, y le robaron el monedero en las Ramblas. El mar es mucho más seguro que la tierra», apostilla Hans Geilinger, el hombre de un país sin mar que ha navegado por todo el planeta durante más de una década.

Tuvalú, el archipiélago que da nombre al barco, amenazado por el cambio climático

De las numerosas anécdotas que hemos compartido con Hans Geilinger a raíz de su viaje transoceánico, hace especial énfasis en su experienca en Tuvalú, un archipiélago en pleno Pacífico compuesto de nueve pequeñas islas al que resguarda del oleaje un atolón (arrecife de coral) y que presta nombre a su barco. «Aparte de la belleza del lugar, es como vive la gente, sin dinero y con todo el tiempo del mundo», cita Hans, a su vez preocupado pues se trata de un lugar plano y por ende amenazado por el cambio climático, ya que terminará bajo el oceáno por la subida del nivel del mar, «de lo que sus habitantes no tienen ninguna culpa, pero son víctimas».

Sin comentarios

No hay ningún comentario por el momento.

Lo más visto