En el Camí de Binigarba, en Ciutadella, un cartel muestra una sombrilla y unas ondas que quieren parecerse al mar con una franja rayovallecana, roja como casi todo lo que quiere prohibir, que sugiere una negación. Por allí, a la playa, no se va. Refuerza la idea la señal situada justo encima, una talayótica taula también bermellona en su parte superior, que advierte a los conductores que están a punto de entrar en uno de los populares cul de sac. Lo más seguro es que tanta advertencia preventiva, en sentido negativo, se deba a la experiencia acumulada de bañistas que pretenden acudir a las playas del suroeste insular por esta vía, confundidos por una intuición errónea o una tecnología imperfecta. Y todo bajo la atenta mirada de unas señoras bovinas, residentes en la zona, que ni entienden ni tampoco pueden ir a darse un chapuzón.
En modo indicativo inverso
Foto: Gemma Andreu
Pep Mir | Menorca |