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Corazón femenino y ejercicio físico

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El funcionamiento cardíaco femenino es en la actualidad objeto de estudio dado que el sedentarismo es prevalente en las mujeres. Para prevenir la enfermedad cardiovascular es básico implementar el hábito del ejercicio físico.

Dos de los grandes aliados de la salud cardiovascular son la dieta correcta en contenido y cantidad y practicar ejercicio físico frecuentemente. Nos encontramos con qué en uno de estos dos factores, la mujer está en segundo lugar.

Según datos del Ministerio de Educación, Formación y Deportes del año 2022, solo el 20’7% de las mujeres hacen ejercicio a diario, en cambio los hombres están en el 27% y el porcentaje de las mujeres va bajando con el aumento de la edad.

El riesgo de enfermedad cardiovascular es multifactorial y los profesionales del ejercicio físico y del deporte recomiendan adoptar diferentes intensidades según el período vital de la mujer.

El entrenamiento de fuerza es fundamental. El músculo es importante en la protección de los huesos, en el terreno funcional, en la alineación corporal y además ejerce una función metabólica ya que libera miokinas, moléculas que ayudan a regular procesos inflamatorios.

En todas las etapas vitales de la mujer deberemos incluir entrenamiento de fuerza además del ejercicio aeróbico. Para prevenir enfermedades asociadas a la edad y a los cambios hormonales es a partir de la menopausia y postmenopausia donde este tipo de entrenamiento es fundamental. Ayuda además a mantener bienestar físico y mental y a prevenir la osteoporosis, las caídas, el equilibrio corporal, el control de peso y la composición de los tejidos corporales. Ayuda a mejorar la calidad del sueño, la salud metabólica y la regulación hormonal, aliviando los síntomas físicos de los cambios hormonales.

En resumen, realizar ejercicio físico de manera regular puede considerarse un sistema efectivo y con muy pocos efectos secundarios. Si se practica bajo dirección profesional y sin excesos mejora la salud cardiovascular, la función cardíaca, el sistema circulatorio y la presión arterial. Reduce en general los niveles de colesterol, fortalece el esqueleto, manteniendo la masa muscular y disminuyendo los triglicéridos, la resistencia a la insulina, la inflamación y el nivel de estrés.

En la niñez y adolescencia, se recomiendan 7 horas ejercicio semanales, incluyendo 3 horas a la semana de ejercicio cardiovascular intenso y tres días a la semana de ejercicios de fuerza.

En la edad adulta en etapa reproductiva se recomiendan unas tres horas semanales de actividad moderada o hora y media de actividad vigorosa combinando ejercicio cardiorespiratorio (andar, nadar, correr, subir y bajar escaleras o ciclismo) y de fuerza (sentadillas, dominadas, plancha estática, zancadas con peso) y dos o tres días de ejercicios de flexibilidad.

En la menopausia y postmenopausia siguen vigentes las pautas de la etapa anterior pero con menor intensidad, añadiendo ejercicios de impacto y equilibrio.

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