La decisión de Vueling de recortar las frecuencias en la ruta invernal con Barcelona es soberana. Es una empresa que pertenece a un grupo internacional que cotiza en bolsas británicas y españolas. Lo sorprendente es que la compañía se haya tomado tantas y acaloradas molestias en defenderse de lo que ha decidido. Y también las reacciones políticas que ha generado tal decisión. En resumen la compañía viene a decir, no literalmente –dejemos claro esto– que hay que dar gracias de que vuele en invierno, que no le sale a cuenta y que ya traerá más aviones en verano. Pues vale.
La cuestionable solidez de ese discurso empieza a deshacerse del todo cuando aparecen las siglas OSP (Obligación de Servicio Público). La aerolínea alude a la sacrosanta libertad tarifaria para advertir de que una limitación de precios haría caer la ruta, mientras anuncia alegremente que en el puente aéreo Madrid-Barcelona cobrará máximo 99 euros para favorecer la conectividad de madrileños y barceloneses, millones de personas y empresas afectadas por la crisis ferroviaria. Business is business.
Hace años, desde tiempos de los gobiernos de izquierdas, que se vienen buscando soluciones a la conectividad invernal con Barcelona. Hasta este invierno no era un problema de frecuencias, sino de precios en fechas punta. La exposición pública del recorte de vuelos ha provocado una rápida respuesta del PP-Menorca que vale la pena analizar. Ha salido a defender al Consell –y al Govern– echando balones fuera y apuntando a Pedro Sánchez. El presidente Vilafranca se hizo una foto triunfalista en Fitur tras reunirse con Vueling, que mientras anunciaba un refuerzo de la conexión a partir de marzo consumaba un recorte histórico en diciembre, enero y febrero. ¿Se habló del tijeretazo en esa reunión? Mejor pensar que no.
El Consell, este y los que le precedieron, se gasta enormes cantidades de dinero para atraer turistas a la Isla. Desde que parece que esto de la masificación estival puede restar votos, hay un esfuerzo igualmente enorme en excusarse diciendo que lo que se busca es lograr el objetivo de la temporada de nueve meses. Los otros tres ya tal. Ha habido dejadez con la conectividad invernal. Un dato. Las obligaciones de servicio público, en las rutas de Madrid y Palma, tienen una comisión mixta de seguimiento en la que están representados Gobierno, Govern y Consell. Este último manda a las reuniones a los responsables de la promoción turística. ¿Por qué no va nadie del departamento de Movilidad, que debería ser el encargado de luchar por garantizar una movilidad digna? A lo mejor ese departamento está demasiado ocupado resolviendo con rapidez el problema de la ITV y solventando con diligencia las carencias del servicio de bus.
Igual que Sánchez busca enemigos exteriores como Elon Musk para tapar sus vergüenzas, el PP busca en Sánchez el maquillaje de las suyas. El Gobierno se reunió en 2024 con el Consell para ponerle sobre la mesa una OSP experimental con Barcelona. Muy mal diseñada, por cierto. Se basaba en una limitación de precios variable en función de las crecientes tarifas de la compañía. Mientras el Govern y el Consell mareaban la perdiz, planteando dudas en público y un rechazo en privado, el precio iba subiendo hasta que se hizo absurdo el límite. Cosas de la libertad tarifaria.
El PP se ha opuesto a la OSP con Barcelona y ahora se escuda del recorte de frecuencias afeándole a la izquierda que no la lograse. ¿Esto es en serio? ¿Olvidan que fue la UE, con presiones importantes de las compañías aéreas, quien la impidió? Existe la posibilidad de que, visto que ahora tampoco las frecuencias son suficientes, se vuelva a pedir la OSP a Barcelona. Se hará, el Parlament lo aprobó, pero con los votos en contra del PP de Prohens. Hay tantas contradicciones que mejor dejarlo aquí.
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