La kinesiofobia es un miedo intenso a la actividad física y sin razón aparente, incluso al pensamiento basado en la creencia de que moverse empeorará un dolor existente o una lesión. Es una reacción psicológica relativamente frecuente, tras sufrir una lesión, mayormente si es lumbar o cervical, que empeora el estado de la persona e incluso puede hacer crónico el dolor.
Es básico superar esta patología para poder realizar una correcta y eficaz recuperación, a través de fisioterapia y en su caso quiropraxia. Existe un dolor terapéutico que la persona afectada debe diferenciar del dolor de la propia lesión y aceptarlo para su curación. El organismo se protege tratando de evitar más dolor pero en realidad es un círculo vicioso en el que a menos movimiento más debilidad muscular y más dolor a cada intento de moverse. La experiencia del dolor se agrava a partir de un traumatismo o lesión en la memoria corporal.
Los síntomas comunes son:
- Evitación de actividades diarias.
- Rigidez articular.
- Miedo intenso a recaer, que paraliza.
En algunos casos puede estar asociado al miedo al ridículo, en el gimnasio o la escuela de danza, pensando que no se estará a la altura de los demás en cuento a los movimientos o a la rapidez.
Estudios realizados en Francia concluyen que el 25% de las personas con dolor crónico presentan una forma de kinesiofobia. A nivel mundial cerca del 40% de pacientes cardíacos desarrollan este miedo al movimiento, autolimitándose así en su reeducación y curación. Los perfiles ansiosos, perfeccionistas o depresivos son los candidatos mas frecuentes para desarrollar una kinesiofobia.
Las personas de edad avanzada también sufren de este miedo muchas veces, dado que saben que una caída o accidente puede tener en ellos consecuencias más graves.
Existen una serie de cuestionarios y escalas que permiten evaluar la intensidad de la fobia.
La terapéutica para la kinesiofobia es pluridisciplinar, incluyendo trabajo psíquico y corporal. Las terapias de comportamiento y cognitivas permiten identificar los pensamientos automáticos y limitantes, distinguiendo entre los miedos racionales y los excesivos.
Las terapias sensoriomotrices trabajan sobre las sensaciones corporales para restablecer un sentimiento de confianza. La hipnosis puede ser muy útil para trabajar sobre los recuerdos traumáticos asociados a una herida o un acto quirúrgico reconectando a la persona con su cuerpo, reduciendo así la intensidad de las memorias.
En el terreno de las nuevas tecnologías, ciertos avances como la realidad virtual terapéutica parecen prometedores.