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Josep Bagur, por amor al arte

RETRAT, 1994.

| Menorca |

‘Por amor al arte’ es una frase hecha que se utiliza para expresar que algo se hace sin buscar un beneficio, sin otro interés. Sin embargo, en el caso de Josep Bagur, el sentido es literal: él ama el arte. Es un amante desinteresado y se le nota. Yo lo descubrí hace años, cuando trabajaba organizando exposiciones en la sala de cultura de «Sa Nostra», y él era profesor de Educación Plástica en el Institut Joan Ramis i Ramis de Maó.

Hoy en día todos los centros de arte ofrecen visitas guiadas a las exposiciones, pero en aquellos años 90 no era tan habitual; y en Menorca inexistente. A mí, personalmente, me encanta ayudar a entender las obras de arte y siempre presentaba propuestas de visitas razonadas a los centros escolares y los institutos; algunos aceptaban, Josep Bagur siempre. A ambos nos gustaba ayudar a acercarse a la comprensión del arte actual, porque si no se explica no se entiende. Y, cuando el arte se comprende, notas ese brillo en los ojos y esa media sonrisa en el rostro de los chicos. Y de los mayores también. Es la magia de compartir un conocimiento secreto. Cuando el arte moderno se conoce hasta puede enamorarte.

Sí, el arte enamora.

Josep Bagur participaba activamente en la visita y estimulaba a los chavales a preguntar y a preguntarse sobre lo que veían. Además, su formación en la facultad de Bellas Artes no fue solo como pintor, también obtuvo Matrícula de honor en Procedimientos y Técnicas del color y es experto en Psicología de la Percepción Visual. Casi nada.

REFUGIATS, 1985.

Enseguida establecimos complicidades. Ambos creemos en la capacidad del arte para humanizar a las personas, para fomentar la creatividad y la expresión de las emociones. Él, persona inquieta y con recursos, intentaba que su instituto fuera algo más que un expendedor de títulos de bachiller, que fuera un centro de divulgación de conocimiento y de prestigio. Desde su cátedra Josep Bagur organizaba charlas y exposiciones de arte en el salón de actos tanto para alumnos como proyectada hacia el exterior. Un día, Josep vino a pedirme una colaboración y juntos montamos una exposición y una actividad educativa potente para comprender el tránsito desde el Impresionismo hasta el Expresionismo a través de la obra del pintor Torrent. Más de 200 alumnos realizaron aquella actividad.
Un día descubrí que aquel buen maestro también pintaba, aunque nunca había expuesto su obra en Menorca. No había expuesto en parte por modestia y en parte por no haber podido dedicarse con la necesaria constancia a la pintura, que tanto amaba. Así que lo resolvimos montando su primera exposición individual en 1995.

El resultado fue descubrir una pintura con mucha personalidad, ajena a los vaivenes de las modas del momento. Era pintura-pintura, de los que saben pintar. Y en ella destacaba una expresión emocional muy fuerte con el color y la pincelada. Y donde descubríamos también el latido de su preocupación por las personas, por la gente que padecían la sinrazón y los desastres de la guerra de Bosnia, en aquellos años.

Tiempo después le montamos una segunda exposición en la sala Sant Antoni que resultó radicalmente diferente. Josep Bagur había evolucionado de la expresión colectiva a indagar en la expresión individual a través del retrato. Todo un reto para profundizar en el interior de las personas.

Luego, una pérdida de visión progresiva le apartó de su cátedra y le impidió seguir en su carrera artística como pintor. Pero esa minusvalía no apagó su inquietud por divulgar el arte de la pintura. Él fue encontrando nuevos caminos.

Josep Bagur en una fotografia que ilustró una entrevista de la revista de las fiestas de Gràcia del año 2003, de la cual el fue el autor de la portada.

Durante unos años se dedicó al comisariado de exposiciones, coordinador de conferencias y fue el dinamizador de diversas iniciativas como el proyecto de «Nit d’Art» tanto en las calles como en el puerto de Maó; una iniciativa que nació en 2013 y que se mantiene hasta hoy, aunque ha cedido el relevo organizativo a las nuevas generaciones. Poner el arte en la calle era uno de sus sueños, facilitar el contacto entre el artista que hay detrás de una obra y acercarlo al espectador que la contempla. Él sabe que a la gente le cuesta entrar a una galería. Él quiere convertir el arte en algo compartido, cotidiano, lúdico, provocador, cercano, comunicativo… Sacar el arte a la calle, a que le dé el aire.
Porque no hemos de olvidar una cosa: Menorca es una isla apartada de las corrientes artísticas. Por Menorca pasaron de rondón las vanguardias. En Menorca hay mucha afición a la pintura, sí, pero pocas oportunidades de comprender los nuevos paradigmas modernos y contemporáneos. Hoy se da un auge de nuevas galerías de arte, pero se corre el peligro de verlo como un producto turístico más, ajeno, para la gente de fuera y no como una oportunidad de hacerlo nuestro. Hay un reto pendiente.

Así, Josep Bagur encontró en el Ateneu de Maó una nueva plataforma donde desarrollar su inquietud por la difusión del arte. Ahí, desde la vocalía de Bellas Artes, se ha dedicado a la promoción de artistas, a potenciar sus certámenes y a organizar y coordinar conferencias y tertulias. Todo en la medida que su delicada salud se lo permite.

Hay que reconocer que la formación artística de Menorca, la promoción de su sensibilidad hacia la pintura, sería distinta sin el trabajo desinteresado de Josep Bagur y su espíritu «por amor al arte». Ahora hay la posibilidad de ver su trabajo en una exposición en Ca n’Oliver de Maó que lleva por título «Humanismo y resiliencia».

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