Menorca ha arrastrado un déficit de obra pública durante años. Ahora es como si muchas administraciones se hubieran puesto de acuerdo para intervenir en los espacios públicos. La carretera en Son Rubí, Cala en Blanes en Ciutadella, la plaza de Santa Maria en Maó, y en muchas otras zonas urbanzas y turísticas.
En otros tiempos lejanos estaba prohibido utilizar maquinaria pesada a partir del 1 de mayo, para no generar ruido que perturbe a los turistas necesarios. Hoy parece que el fin justifica los medios. Las obras son absolutamente necesarias. Y si la temporada turística se prolonga mucho más allá del verano, ¿cuándo vamos a llevar a cabo las obras?
Quizás habría que conjugar más y mejor el verbo planificar. O bien, marcar en el mapa turístico las obras con puntos rojos. Como si fueran posidonia.