La caída de una gran roca sobre una vivienda de Cala Sant Esteve, motivada por las infiltraciones de las intensas precipitaciones, ha provocado una víctima mortal y heridas a otra persona. El trágico suceso reabre el debate sobre la seguridad de los acantilados del puerto de Maó y pone sobre la mesa la falta de mantenimiento que compete a los propietarios y las administraciones.
El geólogo Agustí Rodríguez, que desde hace años advierte los riesgos de estas zonas verticales, afirma que el accidente era previsible. Toda la zona sur del puerto de Maó, que incluye Cala Sant Esteve, presenta evidentes peligros, habiendo registrado numerosos desprendimientos, hasta ahora sin víctimas, como los del Café Baixamar de Maó y el derrumbe de sa Costa des Muret sobre la fábrica de Xoriguer. Los geólogos reclaman obras e inversiones para prevenir los riesgos geológicos, realizar estudios exhaustivos y consolidar las zonas más inestables.
Es un trabajo que no se puede demorar para detectar los tramos que carecen de solución técnica para garantizar su estabilidad. Los propietarios y las administraciones deben unir esfuerzos para llevar a cabo estos informes y valoraciones para evitar nuevos desprendimientos que, además de los daños materiales, conlleven la pérdida de vidas humanas.