Estados Unidos ha dado un paso más en la escalada de la guerra de Irán y ha bombardeado la estratégica isla de Jarg, clave en la producción de petróleo. Los ataques han destruido las instalaciones militares, pero Trump no descarta arrasar infraestructuras industriales si los ayatolás continúan bloqueando el tráfico marítimo internacional en el estrecho de Ormuz.
Da la impresión de que el presidente de Estados Unidos, envalentonado con el secuestro de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, pensó que la campaña en Irán sería igual de rápida, tras la eliminación del ayatolá Jamenei. Nada más lejos de la realidad. Los buques y cazas de Teherán han sido eliminados, pero el régimen ha planteado una guerra asimétrica que dificulta la operación aliada.
Las consecuencias han sido que los precios del combustible y la energía se han disparado, y la cesta de la compra y la construcción se encarecen. En Menorca, como en el resto del mundo, ya sufrimos este incremento de los precios, que solo ha comenzado.
El barril de petróleo se sitúa en los 100 dólares, pero el precio puede duplicarse si sigue la guerra. Lo más relevante consiste en que los iraníes no tienen intención de rendirse. Alegan que su líder supremo ha sido asesinado y que seguirán atacando intereses de Estados Unidos, Israel y los países árabes con bases de Norteamérica.