Los resultados de las elecciones en Castilla y León han configurado un escenario similar al que se abrió, en diciembre, en Extremadura, tras los comicios autonómicos, y, en febrero, en Aragón. En los tres casos la formación ganadora ha sido el Partido Popular, pero hay que resolver la investidura de los presidentes y la formación de los nuevos ejecutivos regionales. En los tres casos, el PP ha ganado con claridad, pero se repite un mismo contexto: deben obtener el apoyo de Vox, siendo el partido de Abascal el que más avanza. Con un balance global de derechización del electorado, Vox es un socio imprescindible para que el PP pueda investir a sus presidentes y gobernar sin sobresaltos.
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, presionó ayer a Vox para cerrar un acuerdo. Instó a Abascal a un pacto «para que el PP lidere los gobiernos con el apoyo de Vox, porque nadie ha dado razones para bloquear, solo se han puesto excusas». Por su parte, Abascal exigió blindar la participación de Vox en los ejecutivos con el PP, pero sin un aval que garantice los cuatro años de cada mandato. El ciclo electoral que vive España evidencia que la división castiga a Izquierda Unida y Podemos, con un bloque de izquierdas cada vez más debilitado. El PP y Vox suman, en conjunto, representaciones que superan las mayorías absolutas. La España política está virando hacia la derecha.