La comunidad internacional vive una situación de gran incertidumbre y desasosiego. La guerra en Ucrania continúa desangrando Europa oriental sin una salida diplomática clara; Gaza se ha convertido en el símbolo devastador del fracaso político y humanitario de Oriente Próximo; la escalada bélica con Irán amenaza con extender aún más la inestabilidad regional; y, en paralelo, Estados Unidos y China intentan recomponer, tras la visita de Donald Trump a Pekín, un equilibrio global cada vez más frágil. El orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial atraviesa una profunda crisis. Las instituciones multilaterales muestran enormes dificultades para contener guerras prolongadas, evitar crisis humanitarias o impedir que las grandes potencias conviertan la geopolítica en una competición permanente de bloques, influencia y poder económico La destrucción de Gaza representa la imagen más dramática de esta impotencia colectiva. La guerra ya no se libra sobre el terreno, sino también en el ámbito moral y comunicativo. Mientras, la invasión rusa de Ucrania confirma que Europa depende en exceso del paraguas militar y estratégico de Estados Unidos. El conflicto reactiva el rearme, los bloques enfrentados, tensiones energéticas y crea un clima de inseguridad que afecta directamente a la economía.
Un escenario internacional de incertidumbres y desasosiegos
Editorial | Menorca |