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Dubai-Bombay

Alejandro Río Carreras
Estaba frente al ordenador, consultando la Wikipedia. Tenía que entregar un trabajo en el instituto sobre Geografía. Recopiló algunos datos para sacar conclusiones.

Dubai es uno de los siete emiratos que integran desde 1971 los Emiratos Árabes Unidos. Tiene 4.114 km2 y su población asciende a 2.262.000 habitantes (2008). La ciudad de Dubai se ha hecho famosa por sus cientos de atracciones turísticas y su gran zona de rascacielos, situada en el distrito financiero. Allí se celebran bastantes convenciones y conferencias internacionales, y una de sus grandes fuentes de ingresos es el turismo de lujo. Sus faraónicos proyectos residenciales, islas artificiales incluidas, sobrepasan lo imaginable.

- ¡Caramba con Dubai! - pensó para sus adentros - Hay gente que vive a todo tren.

La densidad de población en Bombay alcanza valores que no tienen comparación en las aglomeraciones urbanas de otras partes del mundo, como Europa. En la ciudad viven 29.000 hab./km2, mientras que en Madrid, en comparación, viven unos 5.000 hab./km2. En el caso más extremo, la zona de "Bhuleshwar" alcanza los 400.000 hab./km2, una de las densidades de población más altas del mundo. Un problema no resuelto, derivado de esta altísima densidad de población, es la existencia de barriadas de chabolas que continúan extendiéndose por todas las zonas de la ciudad.

Le resultó difícil imaginar cómo sería la vida en esas chabolas, sus habitantes y sus carencias. ¿Cómo se pueden comparar dos realidades tan diferentes?

Estuvo largo rato meditando y dándole vueltas en su cabeza, para saber qué iba a poner al final del trabajo realizado. La profesora quería que pensasen las cosas por sí mismos y que fuesen críticos con la sociedad injusta en que vivimos. Su mente iba divagando de Dubai a Bombay como una pelota de tenis desgastada. Se tenía que ir a la cama.

Aquella noche, tuvo una pesadilla. Soñó que el dinero era lo más importante y que las personas estaban clasificadas según su riqueza. Sus fantasías oníricas le llevaron a una clase de Lengua y Literatura, donde alguien parecido a su profesor, pero vestido con aspecto revolucionario, arengaba a las masas enfervorizadas gritando:

- ¡Du-bay o Bom-bay! ¡Cambiando la primera sílaba, podemos cambiar el mundo!

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