En Barcelona han cesado al número dos del Ayuntamiento por la consulta popular sobre la Diagonal, una consulta un poco chapuza en la que el alcalde ni siquiera pudo votar. Ocho de cada diez ciudadanos que se interesaron por el proyecto y votaron rechazaron la propuesta. El Consistorio no ha podido soportar el revés de unos ciudadanos desagradecidos a quienes se invita a opinar y en vez de aplaudir la iniciativa la critican.
Barcelona, referente de los municipios menorquines con cuyos alcaldes firmó hace una década un convenio de amistad y colaboración, debería haber aprendido de éstos a la hora de promover la participación ciudadana. En Alaior, por ejemplo, se llama a los vecinos a elegir entre varias esculturas para ornar una plaza con la precaución suficiente de combinar esa opinión con la de los expertos. Como decía Hegel, el pueblo es la parte del Estado que no sabe lo que quiere, por tanto, no se le puede dejar solo. En Mahón, donde una partida de 4.000 ciudadanos ha pedido consulta sobre el Maó-Mahón, el Ayuntamiento no ha respondido, consciente de que hay cosas que no deben dejarse en manos del pueblo, tonto y manipulable por lo general, y que para eso hay expertos y un poder legitimado por ese mismo pueblo. Habría que habérselo explicado a Hereu.
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