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El Faro de Alejandría

Lope

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De Vega Carpio, Don Félix, naturalmente. La película de la juventud de "el Fénix de los Ingenios" es buena: buen guión y buena fotografía. Quizás le falte mucho de poesía como opina una buena amiga mía, aunque al final se recite el "soneto de amor". Buena película de todas formas, repito. Tan buena que en Ocimax la relegaron a la sala 5, la peor, cerca de las cuadras (caballerízas diría un cursi), no fuera que no gustara a las gentes con personalidad de serie. Así pues, "Lope" condenada al exilio de la sala 5. En el resto lo de siempre: videojuegos violentos en pantalla grande, americanadas de esas de "somos una familia ¿recuerdas?" y algún que otro golpe de kárate. Menos mal que al final triunfa siempre el bien (menos con Bush y sus amigos) y la han pasado a la sala 3 aunque con nocturnidad.

"La ambición hecha virtud, ¡oh adiós!/Adiós al relincho del corcel de batalla/ adiós al tambor que conmueve el espíritu,/ adiós al pífano que perfora los oídos,/ adiós al estandarte real y toda calidad:/ adiós al orgullo, pompa y circunstancia de la gloriosa guerra. (Shakespeare, Otelo, acto III)".

En realidad de lo que quiero hablar aquí es de un aspecto concreto de la película (rodada por lo visto en Marruecos): la suciedad del Madrid de los Austrias, que alcanzó tal grado en tiempos de Lope, que los caballeros debían levantar las espadas para no pinchar alguna "ensaimada pestilente". Dicha inmundicia era algo proverbial en los siglos XVI-XVII y alcanzó incluso a la segunda mitad del XVIII hasta que Carlos III -el rey de la "castellanidad" menorquina-, acabó con el ¡agua va!.

El conde de Fernán Núñez un "general mozo" que llegó a brigadier con 20 años por gracioso nombramiento real, prebenda que se concedía con cierta facilidad a los jóvenes superpijos de entonces, es decir los retoños de los Grandes de España, escribió en sus memorias sobre tan escatológica materia. Lo titula "la marea" y al respecto dice:
Sobre el estado de porquería en que halló á Madrid en 1760 el rey Carlos III e idea de lo que se llamaba "la marea".

La villa de Madrid tenía una suma considerable destinada para su limpieza, en que, como sucede ordi-nariamente en semejantes fondos, nada perdían algunos de los que los manejaban. (o sea, lo de siempre. Subrayado y nota del transcriptor) Visto el estado de inmundicia en que estaba la corte de España, merece hacerse mención, para la posteridad, del método que se empleaba para limpiarla, por medio de lo que llamaban la marea, pues como es de esperar, que no vuelva á verse, es bueno dar una idea de ello, para que sepan los venideros de lo que les ha librado el Rey.

La villa tenía una porción de carros ó cajones bajos, sin ruedas. que en lugar de ellas tenían unos maderos redondos, tirados por una mula, que dirigía el que iba dentro en pie, apoyado en el palo, y así se iba arrastrando todo lo grueso de la inmundicia. Este paseo. que generalmente se hacía de noche, iba precedido de gentes con hachas [es decir, antorchas] que marchaban delante, a los lados y detrás de los carros, y en seguida de éstos venían muchos hombres en una fila, con escobas, que iban barriendo lo que ellos no podían arrastrar. Esta pestífera comitiva, cuya fetidez, como puede creerse, se anunciaba desde muy lejos, se dirigía á varias alcantarillas ó sumideros grandes que había en varios puntos de la villa, cuyas casas inmediatas estaban siempre infestadas de sus hálitos. Si D. Quijote hubiera encontrado de noche este pestífero y lúgubre acompañamiento, es probable creyese que todas las parcas del abismo venían á caer sobre él, pues sólo viéndolo puede formarse una idea justa de ello, y que hubiese ensuciado su lanza contra aquella inmunda comitiva para desfacer un entuerto que seguramente habría ya ocasionado más de cuatro.

Yo hubiese deseado quedase un cuadro exacto que representase una calle de Madrid en el momento de la marea, y otra al lado, limpia, empedrada, iluminada y barrida y regada dos veces al día, como lo están en el día todas las de la capital, gracias al tesón de Carlos III.

Si algún día tengo tiempo, lo he de mandar hacer, y aún sacar de él lámina, para que el tiempo no haga olvidar la importancia de este gran beneficio, debido únicamente á la firmeza y tesón de aquel digno Monarca, que con él dio una nueva existencia á su patria.

Para terminar y volviendo a la película no me resisto a transcribir el famoso soneto final.

"Desmayarse, atreverse, estar furioso,/áspero, tierno, liberal, esquivo,/alentado, mortal, difunto, vivo,/leal, traidor, cobarde y animoso./ No hallar, fuera del bien, centro y reposo;/ mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,/ enojado, valiente, fugitivo,/ satisfecho, ofendido, receloso./"Huir el rostro al claro desengaño,/beber veneno por licor suave, olvidar el provecho, amar el daño;/creer que un cielo en un infierno cabe,/ dar la vida y el alma a un desengaño:/esto es amor. Quien lo probó lo sabe."

¿O no?

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