En este caso prefiero pasar por demagógico que por moderado. El Gobierno ha eliminado 1.300 millones de euros del presupuesto de cooperación al desarrollo, más de un 65 por ciento. Y la medida ha pasado con discreción entre la polémica presupuestaria, como si a casi nadie le importara demasiado. Ya sé que es escandaloso que los españoles ricos que han escondido su dinero para evitar el mordisco de Hacienda disfruten ahora de una amnistía fiscal. Pero me preocupa mucho más que a los pobres de otros países, en lugar de considerar su derecho a la amnistía, se les condene y a algunos de ellos, a muerte. Me preocupa que se busquen argumentos para crear "mala prensa" sobre el "negocio" de las ONG, despreciando a tantos voluntarios de buena fe comprometidos con los que más sufren. Me preocupa que líderes europeos como Sarkozy estén consolidando y ganando votos con la teoría del "primero nosotros" y que el "nosotros" sea cada vez más un calificativo racial y excluyente. Y sobre todo me preocupa que perdamos sensibilidad, que desaparezcan del Telediario las imágenes "desagradables, indigestas" del sur, y que al final nos olvidemos de la miseria para concentrarnos en "nuestras miserias". Quizás evitando gastar en la construcción de pozos en Etiopía o Somalia, en países donde se mueren de sed, podamos subir un peldaño del pozo de nuestra crisis económica. Sin embargo, en el agua del fondo veremos nuestra imagen reflejada.
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