Recuerdo que cuando se presentó UPyD al electorado, al partido que creó y lideró Rosa Díez le vaticiné un vuelo de corto recorrido y así constará en la hemeroteca de «Es Diari». Su lideresa venía de no entenderse con el PSOE, su partido, donde siempre había pisado moqueta, Cuando un líder sin liderazgo abandona el redil, con frecuencia pasará a militar en otro partido y desde la nueva atalaya no perderá ocasión para zaherir a quienes fueron antaño sus iguales. Rara vez un líder sin liderazgo hace recogida de mesa, fotografía incluida con sus prójimos y se va sin levantar polvareda a su casa. El líder sin liderazgo lo lleva en el egoísmo de su código genético. Está concebido/a para el ordeno y mando, de manera que no encontrando donde seguir ejerciendo en ese puesto preponderante que cree merecer, saltará al vacío de un nuevo partido aún no nato. Rosa Díez encontró un terreno baldío pero dispuesto a ser cultivado por quienes como ella habían abandonado el calor agavillado de sus respectivos partidos. Tuvo suerte y se aupó desde la nada a la consideración de ser considerada, pero se le olvidó que detrás otros como ella esperaban el momento de recoger el testigo, testigo que ella nunca estuvo dispuesta a soltar. Y así le ha ido.
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