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Ad libitum

'Spleen'

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A ver si hoy escribo. Llevo más de cuatro meses al pairo, pero (conjunción adversativa) solo tres lectores me han preguntado por qué: no somos nadie. Atorado, asordado, fuera de cobertura, cual móvil inmóvil, huecas las palabras, sin su música de sonido, bostezando tras los cristales de una pecera: no evocan ni convocan. Y si no lees, no escribes. Son más de cuatro meses de lo que Baudelaire (dandy y snob) llamaba literariamente spleen, que es palabra inglesa; o sea, cinco meses de depresión. Sobre la mesita de noche aguardan turno: «El rastre blau de les formigues», de nuestro gran poeta, cosmopolita y, a la vez, adobado de ruralía Ponç Pons; «Crítica cultural y sociedad», de T.W. Adorno (traducción de Manuel Sacristán); «También esto pasará», novela de Milena Busquets».

Corren malos tiempos para la lírica y, sobre todo para la metafísica (¡el pobrecito ego en su afán de subjectividad!), para la banal fluidez ¿objetiva? del relato de la ultra modernidad. El mundo es una fétida sentina (pleonasmo), la palabra clave de la ética (?) y la política hoy es crecimiento hasta el infinito; crecimiento como manifestación del poder, gracias a la pasión especulativa que se esconde en la palabra mercado, el fonema icónico de nuestra civilización. Palabras más puteadas del repertorio: cultura y democracia. Y religiones y nacionalismos son ya el peligro de la próxima guerra nuclear. Mane, thecel, pharès...

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