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Lo que está mal puede aún empeorar

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Más o menos con estas palabras vino a decir Cospedal que es tiempo de tener altura de miras, porque si no podemos perjudicar a generaciones de compatriotas. Acto seguido, otro mandamás del PP sentenció que no votarán a ningún partido ni coalición política en la que no esté al frente Mariano Rajoy. ¡Menuda altura de miras la de ustedes!

Es curioso observar las pocas ganas que parecen tener nuestros dirigentes políticos de formar gobierno. No miran para otro lado que no sean sus propios intereses, incluso alguno sin que nadie se lo haya pedido se autonombra como vicepresidente del gobierno. Si no fuera porque estas cosas son muy serias, darían risa. Ahora, después de que Rajoy parece que ha asumido su situación real rechazando presentarse a la investidura, Pedro Sánchez asume el reto. No obstante, la intención probablemente era ver cómo Rajoy se daba la gran bofetada presentándose a una investidura que tiene perdida. Y como en nuestra política la cosa no es precisamente entre corteses caballeros, ahora es Rajoy el que aguarda solapado en la sombra que se la pegue Sánchez, cosa nada rara, incluso como está hoy el tema de los pactos lo más fácil será tener que ir a un nuevo capítulo de elecciones sin importar que los ciudadanos puedan, con razón, pensar para qué ha servido su voto, a no ser que caigan en la cuenta de darse cuenta que ha servido para dejar al descubierto la incapacidad de los políticos. ¿Cómo van a ponerse de acuerdo ante los grandes problemas si ni siquiera son capaces de acordar quién va a gobernar?

Al PP, además, se le está juntando el hambre con las ganas de comer. Al cúmulo de corruptelas que directa o indirectamente le atañen, ahora el Ayuntamiento de Valencia tiene un capítulo de corrupción de tal calibre que se ven obligados a nombrar una gestora, incluso algunos aconsejan cambiar las siglas. Todo el ayuntamiento del PP está investigado, hace solo unos días diríamos imputado, como si cambiar los nombres viniese a mejorar la situación olvidándose de que la mona, aunque la vistan de seda, mona es y mona se queda. A todo eso, lo de Rita Barberá, para algunos la dama del caloret a la que el partido le regaló a dedo el acta de senadora, solo ellos sabrán si no fue para seguir manteniéndola aforada, aunque no es fácil de tragar que el personal a sus órdenes durante 24 años esté prácticamente todo investigado o imputado, o sea, presuntamente todos delinquiendo. Y ella sin enterarse absolutamente de nada, con lo que huele la mierda de la corrupción. Pero hete aquí el dilema, o es imputada o tiene que pasar por una inútil que no se enteraba de nada. Nada más ni nada menos que durante 24 años, que ya son años. ¡Mare de Déu, quin paperot, quin dilema més fotut! Alguien con razón estará pensando que no hay nada que esté mal que no pueda estar peor, porque no sería nada extraño que la dama del caloret acabe como acaban los ninots la nit de la cremá, metafóricamente hablando, claro está.

Si vamos por fin a nuevas elecciones, el PP no puede contar mucho con Catalunya o con Andalucía, ni con los vascos y ahora tampoco con los valencianos. El resultado puede ser aún peor que en el 20-D. Aunque en esto de los votos en este país nuestro no se pueden atar cabos, parece como si aquí nos diera lo mismo 8 que 80. Ignoramos que el voto es el poder que tiene el votante para corregir al político en sus abusos y sus desmanes, y por practicar esa ignorancia así nos va.

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