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Cita a ciegas

Las mujeres perfectas

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Pezones oscuros, pezones grandes, pezones pequeños, pezones rosados. Pieles blancas, pieles morenas, pieles arrugadas, pieles lisas, pieles jóvenes, pieles tatuadas. Tetas pequeñas, tetas voluminosas, tetas asimétricas, tetas con silicona, tetas con cicatrices, tetas supervivientes, tetas maternales... Este mosaico de pechos (femeninos) se puede contemplar hasta el sábado en la Sala Sant Josep de Ciutadella (de 11.30 a 13.30 y de 18 a 20.30 horas). La propuesta, Pell Nua. Projecte de concienciació social sobre la imatge de la dona, impulsada por Mª Àngels Moles, Lisa Valcepina y la fotógrafa Paula Fontana, con el trabajo de Laura Dodsworth y su Bare Reality como guía, parece sencilla: fotografías sin filtros, con fondo oscuro y un mismo encuadre de los pechos de 88 mujeres diferentes (diferentes pechos, por tanto) de diferentes edades, que han posado sin rostros, de forma anónima y solidaria para invitar a una reflexión a todo el que se adentre en este espacio. Son imágenes/espejos de personas que han ido dejando su testimonio, su relación con esa parte de su cuerpo y con el cuerpo en general, que, especialmente en el caso femenino, centra hoy al individuo como una diana. 

Surgen preguntas en medio de la sala: ¿qué es la belleza?; ¿quién determina qué es lo bello?; ¿por qué la mujer acarrea el peso dañino de un ideal físico imposible, sexualizado e impuesto por el sistema patriarcal y consumista?; ¿cómo son las mujeres en realidad? ¿Por qué nos escondemos/avergonzamos? También surgen otras dudas más críticas: ¿es positivo mostrarse/compararse o genera frustración? ¿Y por qué los pechos? Las preguntas continúan en el cuaderno de visitas y las respuestas aparecen ya en los escritos de las propias participantes en torno a la relación/emoción con el cuerpo femenino que se agolpan en el mural de Clara-Tanit (en la foto) con conceptos que han rodeado a esta experiencia: identidad, maternidad, autoafirmación, libertad, femineidad, sensualidad, enfermedad,  erotismo, vida...

El objetivo de la exhibición es ahondar en la imagen real de la mujer, como contraposición al ideal de mujer perfecta que venden (así se habla en los negocios y este, millonario, parte de una visión masculinizante) en los medios, en la publicidad, en el cine y en las redes sociales de un cuerpo femenino convertido en objeto de deseo con una forma, medidas y peso concretos: me cuentan, por ejemplo, que son virales retos perversos entre mujeres como encajarse detrás de un folio A4 en vertical para comprobar y celebrar que se entra dentro del molde. Porque el ideal no afecta solo a los pechos, sino que actúan aquí como símbolo: la parte por el todo. Los pechos son censurados ahora en redes sociales como Facebook o Instagram («contenido inapropiado») y surgen así nuevas preguntas: ¿por qué ese miedo al cuerpo desnudo, sexualizado y cosificado en el caso femenino, y no existe, en cambio, miedo hacia la violencia o el machismo? La censura salta también sobre la maternidad o la detección precoz del cáncer de mama (que cada año mata a medio millón de personas en el mundo, sobre todo mujeres): vean si no el vídeo «TetasxTetas» que el Movimiento Ayuda Cáncer de Mama ha ideado para ilustrar un autoexamen mamario utilizando los pechos de un hombre (cuyos pezones no causan alarma social: globalizados y en red los juicios morales). 

Todas hemos sentido en algún momento la presión, el complejo, la culpa frente a ese ideal (ideal que cambia con las épocas y que somete cada vez con más fuerza en este siglo XXI, tan lleno de imágenes y tan vacío de casi todo). Una construcción (como todos los ideales) que marca (sobre todo en edades adolescentes) y que a veces acaba incluso con la salud. Por eso es interesante Pell Nua, que recauda fondos para la Asociación Española Contra el Cáncer, porque da una patada en la espinilla al falso ideal: en cada foto se lee una historia individual, como un panal de abejas que acaba dando como resultado una fotografía completa, la de la diversidad. 

Los más jóvenes, sobre todo, tendrían que entender/ver que lejos de comparativas, lo diferente es lo bello. Unirse y mezclarse para comprender la singularidad suele dar buenos resultados mientras que compararse de forma aislada con el estereotipo es la vía que provoca más miedo: una forma de represión/depresión. La (r)evolución de hombres y mujeres contra la dictadura absurda de la belleza prefabricada es inevitable porque no existe una mujer perfecta (ni un varón perfecto): lo somos todas, cada una a nuestra manera. 

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