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Sin flash

Corrupción audiovisual

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Se habla mucho de corrupción y las dimensiones del problema parecen inabarcables. Corremos el riesgo de desmoralizarnos en un doble sentido: estar desanimados y quedarnos sin moral. Aunque el egoísmo nos tienta a menudo, no hay que oscurecerlo todo hasta borrar del mapa a las personas honradas.

Se habla de corrupción política (beneficiarse ilícitamente haciendo ver que se trabaja para el bien común), económica (fraude fiscal), sexual (corrupción de menores)... Pasa mucho más desapercibida la corrupción audiovisual o periodística, que causa daños terribles. Las cosas tienden a degenerar o a venderse cuanto más se acercan al poder. La honestidad no es sencilla puesto que requiere formación ética, rigor intelectual, controles… La facilidad manipulativa es tan grande que debemos permanecer atentos para que no nos roben la verdad. Si en lo económico se llevan nuestro dinero, en lo audiovisual nos escamotean la realidad o se inventan la que más les conviene.

Adoctrinamiento machacón, propaganda, publicidad engañosa… para matar la pluralidad. Imponer las propias ideas es totalitario.

Han despedido a Gregorio Morán de «La Vanguardia» por sus escritos críticos con el poder corrupto en Cataluña. Si no queremos quedar atrapados en una maraña de coacción y podredumbre, reaccionemos de una vez. Despertemos de esta alucinación que promueven, con todos los medios a su alcance, los del enfrentamiento permanente y revisable.

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