Opinión | Firmas del día

Creer...

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«Suddenly, we didn't believe» ( «de pronto, ya no creíamos») dijo una vez John Lennon. Había explicado que el hecho de creer firmemente en sus posibilidades de lograr el éxito había llevado a los Beatles a la fama, y que cuando dejaron de creer en sí mismos se separaron. Dicen que la fe mueve montañas, y debe ser cierto. Los programas de autoayuda preconizan alguna clase de fe en uno mismo y en lo que se quiere alcanzar, incluso hablan de la eficacia de visualizarse lo más claramente posible habiendo llegado al objetivo que se persigue y disfrutándolo con plena felicidad. Aseguran que uno consigue la imagen de lo que se propone, es decir, que los sueños se hacen realidad y viceversa, que toda realidad fue antes un sueño, algo que deseábamos en el pasado con vehemencia. Pues bien, de la vehemencia que pongamos en llegar a la meta dependerá la fortaleza de nuestra fe. Es como la pescadilla que se muerde la cola. Incluso en las novelas dicen que el personaje tiene que desear con todas sus fuerzas alcanzar un objetivo, de otro modo no se molesta en dejar la comodidad en que vive para recorrer el camino lleno de penalidades que le aguarda a lo largo de la historia.

Esto es viejo como el mundo. Supongo que cuando los sacerdotes de la Antigüedad se dieron cuenta de las posibilidades de la fe, vieron el cielo abierto. Era un filón que a ellos, como a los reyes con el poderío de las armas, les permitiría dominar a sus semejantes. Un arma invisible, pero sumamente eficaz. Por eso dicen, en otro orden de cosas, que la pluma es más fuerte que la espada. En base a las creencias se construyeron grandes civilizaciones como la mesopotámica o la egipcia. El cristianismo no fue ajeno a las enseñanzas de religiones precedentes, pero además descubrió la fuerza del amor. El amor y la fe, un par de conceptos invencibles. Por otro lado, la comunión era como un acto de meditación colectiva, un acercamiento decisivo al amor y la fe, y además una terapia muy eficaz completada con la confesión y el perdón de los pecados. No hacía falta recurrir al psicoanálisis. Siempre la fe. George Harrison, para volver a los Beatles, se convirtió al hinduismo. Su mujer aseguró que la habitación se llenó de luz cuando murió, como si se transfigurara en resplandor. Otra vez la fuerza de la fe y del amor. Cuando un gran equipo de fútbol juega con aparente desgana, decimos que les falta fe, algo que a veces les sobra a los que no son favoritos y se imponen simplemente por la fuerza de la fe.

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