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Café del mar

Vuelos, del encanto a la decepción

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El descuento del 75 por ciento dispara el negocio de Air Nostrum y de Vueling. Así rezaba el titular que publicábamos en portada el 16 de agosto. El negocio era en principio legítimo, respondía al tirón de la demanda que provocaba un precio de los billetes más asequible, tirado en algunos vuelos con Palma.

Pero como, en palabras de Machado, «la avaricia tiene manos para comer pero no tiene manos para labrar», las compañías, al menos la que nos comunica con Barcelona, han caído en el recurso fácil de subir tarifas. El cliente paga menos que antes pero la empresa obtiene mucho más al cobrar el 75 por ciento restante del Estado. Es la perversión de la medida, tan temida como posible mientras no haya un control de las tarifas, que no la hay porque las empresas son libres de fijar los precios. Se apela a la competencia del mercado libre como factor regulador de los abusos.

Y ¿qué pasa cuando esa competencia es testimonial o directamente no existe? Pues ya lo comprobamos. Tampoco se controla la calidad, entendida por puntualidad. Pasó la temporada turística pero se mantienen los retrasos.

En la ruta de Palma, Air Nostrum ha ganado 112.000 pasajeros menorquines en el primer año de aplicación del descuento del 75 por ciento. En este caso, no pueden subir las tarifas en la misma proporción que Vueling porque están reguladas por la OSP, lo que significa que si la compañía valenciana engrosa la cifra de negocio es solo porque vende más billetes.

Entonces uno espera que preste mejor el servicio, que ponga más y modernos aviones, que establezca una especie de puente aéreo con la capital balear para atender toda la demanda. Pero no, según qué días y horarios no hay manera de encontrar billetes, ni aunque sea para atención sanitaria, y la línea es subcontratada a compañías que rebajan el estándar de calidad al que estábamos acostumbrados.

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