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Supervan Family

Huevo de pascua

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Estos días apetece, si no has marchado de vacaciones, quedar con los amigos o familia. Y hacer planes con los niños. Los días son largos. Se pueden vivir con ellos tradiciones divertidas de otros países como esconder huevos de chocolate o huevos duros pintados y encontrarlos por el salón o por el jardín, si el tiempo acompaña. También es divertido hervir los huevos de cáscara blanca y pintarlos con rotulador o acuarela. Hacer monas de pascua como las de Valencia.

Es curioso, como cada fiesta tiene su propia gastronomía y compartirla con los niños es una manera de inculcarles las tradiciones a través del estómago.

En Menorca estos días de lluvia, uno se ha tenido que recoger en casa más que menos, y a los niños hay que ofrecerles actividades. Se ha podido ver en las redes sociales desde jugar a dominó, a cartas, hacer dinosaurios de papel maché,... es curioso como la lluvia de abril hace crecer la creatividad.

También es momento de viajar, de ver a la familia los que se encuentran desplazados. O de participar en las procesiones de Semana Santa, siempre acompañadas de pestiños con miel, torrijas, ... y otras variedades dulces.

Unas Pascuas con cierto regusto a campaña política que los niños no entienden. Mientras todo un país está paralizado por las elecciones los niños van a su ritmo, antes prefieren a Pepa Pig que a cualquiera de los candidatos a gobierno.

Unas Pascuas que los libros intentan brillar entre tanto ruido de debates políticos, de lluvia y viento.

Unas Pascuas que duelen por los atentados en Sri Lanka. Un empresario danés de una empresa de moda online pierde tres de sus cuatro hijos. Un trágico suceso que entiendo que los padres hayan querido llevar en la más absoluta intimidad, sobre todo pensando que son tres cuerpos que se suman a las demás familias humildes de Sri Lanka, de un total de 321 muertos y más de 500 heridos.

El odio ¿cómo puede cultivarse?, ¿cómo puede vivir?. El odio cómo puede habitar en una piel humana.

Prefiero pintar huevos de Pascua y, alimentar a los pequeños con gastronomía tradicional, y darles valores de recogimiento, de creatividad, de disciplina, de trabajo en equipo. De momentos familiares, de estar juntos. De saltar a la comba, o a la cuerda. De salir al campo y pasear juntos. Pero sobre todo de abrazarnos y besarnos. Eso es lo que queda en sus mentes y en su piel para siempre. Esa semilla les hará ser mejores personas el día de mañana. Y hacer acciones positivas que sumen a un mundo que les dejaremos como herencia.

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