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Historia y humanismo

Equilibrio económico y paz social

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El equilibrio económico facilita la paz social; y ésta, a su vez, contribuye al equilibrio económico, el cual es susceptible de alcanzarse de múltiples maneras, sujetas a circunstancias y coyunturas diversas. A tenor de su alcance, vía proyecciones sectoriales, tenemos que es aconsejable el equilibrio factorial básico entre los sectores primario, industrial y de servicios, en términos garantes de paz social.

Para el crecimiento económico es determinante el despegue industrial; no obstante, la industrialización de Estados Unidos no fue protagonizada solo por la industria de los estados del norte, antes de la guerra de secesión, sino que fueron importantes las explotaciones agrícolas (algodón, maíz, azúcar) de las haciendas del Sur, basadas en mano de obra esclava, cuyo trabajo era más productivo que el de los trabajadores contratados; asimismo, los transportes no se efectuaban por ferrocarril, entre el norte y el sur, sino por la vía fluvial con los primeros barcos de vapor que brinda el curso acuático del río Mississippi, en 1816-1860. El profesor D. C. North, premio Nobel de economía junto a R. Fogel, siguiendo el método contrafactual, de revisión crítica de la historia tradicional de Estados Unidos, mostraron mediante modelos hipotético-deductivos, que las explotaciones esclavistas en Norteamérica no sólo eran viables -podían serlo por razones de prestigio social-, sino que también eran rentables desde el punto de vista coste-beneficio, lo cual probaría que la abolición de la esclavitud después de la guerra obedeció a razones no económicas (A. Conrad y J. Meyer). Está demostrado que el desarrollo económico de Estados Unidos respondió al equilibrio económico integrador de las fuentes de riqueza de los estados del Norte con las propias de las economías sureñas, a tenor de sus específicas especialidades competitivas; y con el desarrollo se estabilizó la convivencia política.

En contraste con la prueba y el esfuerzo de concordia entre, prácticamente, todas las diferentes fuerzas políticas, que caracterizaron en España el espíritu de las concurrentes en los Acuerdos de la Moncloa, en octubre de 1977, que permitió la aprobación de la Constitución Española, en 1978, tenemos que los años 1979-1980 fueron conflictivos por causas de desequilibrio económico y de conflicto político. En dichos años tuvo lugar, de nuevo, el impacto de la crisis del petróleo con efectos tanto domésticos como internacionales; y en España, asimismo, estalló una crisis política. Se inició un ataque sistemático contra Adolfo Suárez, por parte de miembros del propio partido de UCD; el gobierno cometió errores en el establecimiento del Estatuto de Andalucía y, para algunos puede que también en el caso del estatuto del País Vasco. Los hombres fuertes de UCD no entraron en el gobierno de 1979 y desde dentro del partido actuaron en su contra, tanto por parte de social-demócratas como de demócrata-cristianos. La primera víctima de críticas fue Fernando Abril Martorell, quien terminó su brillante carrera política. El presidente Suárez con su último gobierno no contó con los apoyos necesarios y se vio obligado a dimitir meses más tarde. La política económica de 1979-1980 fue básicamente correcta; pero se vieron mermados sus resultados, no solo por la gravedad de la crisis del petróleo, sino también por las dificultades internas de la política del gobierno, que, además, no pudo resolver el problema del paro; creció el empleo estatal. Aunque los equilibrios monetario y comercial, en el doble plano, interno y exterior, fueron relativamente enderezados, no se pudo evitar que España entrara en estanflación. Considero que, sin las perturbaciones políticas internas referidas, el resultado económico global hubiese sido menos negativo y con un ritmo menor de aumento de paro, que fue el punto de mayor debilidad en los años sucesivos.

La política siempre condiciona y marca las pautas de la economía y es muy conveniente que los gobernantes actúen con decisión y prudencia, lo que implica hacerlo en concordia con quienes disienten de sus posiciones, porque, en definitiva, ejecutivo y oposición son todos representantes legítimos de la pluralidad social, a la que se deben en primacía, actitud que a menudo puede implicar el aminoro de opiniones cargadas de subjetivismo en exceso.

Actualmente la situación internacional y doméstica son muy delicadas, tanto en términos políticos, vacíos de realismo crítico, al tiempo que la economía europea, así como la de España y de Menorca en particular, es un tanto incierta. La inflación va para largo, el paro juvenil y de mayores con plenitud de facultades, son una lacra estructural, el índice de la fecundidad femenina es el más bajo de Europa, el gasto en I + D + i no está a la altura que se necesita y el nivel educativo descendió ostensiblemente. No obstante, Menorca ha recuperado el nivel de renta prepandémico y es un buen momento para iniciar una racional andadura de crecimiento en paz social y, por supuesto, con mayor equilibrio económico. Felices fiestas.

El artículo de Pep Mir, «Las cifras del declive industrial de Menorca…» («Es Diari», 27/12/2023) tiene gran interés informativo, mostrando las posiciones competitivas locales por sectores; así como la fuente que cita, puede ser de ayuda efectiva a gestores públicos y empresarios para impulsar la actividad industrial frente la estacionalidad turística y otros extremos, a comentar y someter a estudio analítico. Es destacable, también en «Es Diari» del mismo día, el informe de Fela Saborit sobre el padrón de Menorca.

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