Encontré un cartel con unas frases que me llamaron la atención: «Pedí fuerza… y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte. Pedí sabiduría… y Dios me dio problemas para solucionar. Pedí prosperidad… y Dios me dio cerebro y fuerza para trabajar. Pedí coraje… y Dios me dio peligros para vencer. Pedí amor… y Dios me dio gente con problemas a quien ayudar. Pedí favores… y Dios me dio oportunidades. No recibí nada de lo que quería… y recibí todo lo que necesitaba». No sé de quién son estas frases, algo extrañas, pero remarco lo de los caminos de Dios. A esos caminos llamamos ‘Providencia de Dios’. Nosotros, en el horizonte de nuestra vida y de nuestra historia descubrimos no solo nuestras ilusiones o nuestros proyectos realizados o fallidos, sino también una luz especial que nos hace pensar en una mano amable que nos guía hacia un destino desconocido. Debemos agarrarnos a una verdad inconmovible: Dios me ama. Yo no pedí venir a este mundo, fue una decisión exclusiva de Dios Padre. En esta encrucijada de pensamientos y de sentimientos experimentamos la pequeñez, mecida en los brazos de la inmensidad infinita de Dios…
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