Alguien me dijo, y creo que tenía razón, esta frase: «Las personas felices aceptan las cosas que no tienen remedio, pero luchan por aquellas que tienen solución».
Saber aceptar en la vida las cosas que no tienen remedio es muy importante. De lo contrario, no podemos ser felices ni tendremos fuerzas para luchar por aquellas que tienen solución.
La felicidad es, a la vez, aceptación y lucha. Aceptación de lo que no podemos cambiar y lucha por lo que podemos transformar.
La felicidad no es un nirvana, sino un trabajo diligente y esforzado por mejorarnos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.
La felicidad no se nos regala como un bien fácil, sino que se conquista como una meta difícil, cuyo camino debemos recorrer con esfuerzo, paciencia y lucidez.