Acabó agosto y el inicio del curso político español garantiza nuevas dosis de más de lo mismo, los ciudadanos asisten atónitos al espectáculo que ofrecen las diferentes fuerzas políticas a la hora de abordar los grandes problemas del país. Las dos principales formaciones estatales, PP y PSOE, confirman que han entrado en bucle y son incapaces de modificar sus estrategias de enfrentamiento sistemático sin importar las consecuencias. En este escenario ya no puede sorprender la actitud de Pedro Sánchez, el primer presidente al que un juez ha imputado a su mujer, Begoña Gómez. Malversación, tráfico de influencias y apropiación indebida son algunos de los delitos que podría haber cometido la señora, un tema que el «Financial Times» llevó a su portada para general a internacional conocimiento.
El tema debió pillar dormitando al Partido Popular y a su presidente, Alberto Núñez Feijóo, en un par de días quedó finiquitado a la espera de novedades. La afectada y su marido siguieron pasando sus vacaciones en La Mareta como si no hubiera pasado nada. No recuerdo ninguna situación similar en los países democráticos de nuestro entorno, cierto es que si Donald Trump puede ser presidente de Estados Unidos y Silvio Berlusconi también lo fue de Italia con sus antecedentes, los españoles también podemos soportar esta anomalía.