Se ha hablado mucho últimamente de la aparición del cantautor Víctor Manuel en cierto programa de televisión de cierta cadena, donde además de dejar como siempre muy claras sus interesantes inquietudes políticas y sociales, ha comentado algo de su vida personal que a mí personalmente me parece muy válido, ya que a la pregunta del entrevistador acerca de su relación sentimental con la también cantautora Ana Belén (que dura ya más de medio siglo, ahí es nada), ha respondido diciendo que el secreto de que funcione y de que haya funcionado durante tanto tiempo es que siempre ha sido una relación provisional.
Y esto no es baladí en absoluto, porque se ha centrado en explicar cómo de necesario es dejar el espacio a la otra persona para que ésta pueda sentirse libre e independiente, tomando sus propias decisiones y sin intentar atarla con un contrato leonino de total y absoluta entrega, sino forjando las relaciones sentimentales con ese aura de provisionalidad que hace que no te sientas atado pero sí unido.
Porque aunque parezca mentira, resulta muy interesante pensar en que la característica más firme de una relación sea la provisionalidad, entendida como algo que puede cesar y/o cambiar sin que pase nada, y no creer en ese romántico e irreal amor para toda la vida pase lo que pase y sea lo que sea, que muchas veces es más una condena que esconde intereses más oscuros y que no se corresponde en absoluto con la realidad de la pareja, sea del tipo que sea.