El fantasma de las elecciones anticipadas apareció de manera inesperada esta semana en el Parlament. Lanzó la idea la propia presidenta, Marga Prohens, en un tono de amenaza a sus oponentes, sobre todo al PSIB. Fue un error que vino motivado por un calentón parlamentario de los muchos que tiene Prohens. Le gusta el Parlament, le gusta el debate y le gusta el choque político; además, es una buena parlamentaria con un diente afilado, doloroso cuando ataca. Pero Prohens no solo es una diputada; es la presidenta del Govern y ese debería ser su espacio. El Parlament es el espacio de la oposición. Entrar al trapo de la oposición amplifica su mensaje. La estrategia de los gobiernos debería pasar por conseguir que los debates parlamentarios sean aburridos, que no se hable de lo que pasa en el Parlament o en el Congreso de los Diputados, el reino de la oposición. Deberían centrarse en que se hable del Govern o del Gobierno. No lo consiguen ni Prohens ni Pedro Sánchez, porque a Sánchez le pasa lo mismo que a Prohens: le gusta el choque.
Poner unas elecciones anticipadas sobre la mesa fue un error porque agigantó a la oposición, sobre todo a Vox y a Manuela Cañadas, pero también porque esa amenaza de elecciones es el reconocimiento implícito de una debilidad: este Govern no tiene ahora mismo los votos para sacar adelante sus iniciativas y eso es lo que subyace en ese aviso inesperado.
Ilustración: Zaca
Al día siguiente tuvo que salir a desdecirse, a negar la posibilidad de un adelanto que, sin embargo, no puede descartarse del todo. Extremadura puede ser el faro para Prohens. Tomarán nota de lo que sucede allí para actuar en consecuencia. En estos momentos, Prohens no tendría una mayoría suficiente para gobernar sin Vox. Probablemente volvería a ganar porque la izquierda no levanta cabeza. Podemos está desaparecido en combate y eso impide cualquier suma de una mayoría de izquierdas. El PSIB no suma más votos de los que ya tuvo y puede perderlos según cómo avance judicialmente el caso Koldo. La derecha gana, pero ahí estará Vox. Si Prohens tiene la tentación de adelantar las elecciones se encontrará exactamente en el punto en el que se encuentra ahora, aunque los demás partidos no estarán exactamente como ahora. Por un lado, obligará al PSIB a definir de una vez el papel de Francina Armengol; por otro lado, obligará a Vox a formar un nuevo grupo parlamentario a imagen y semejanza de Gabriel Le Senne. Que esté o no esté Manuela Cañadas puede ser muy relevante. Y otro detalle ante un posible avance electoral: es muy improbable que Vox exija entrar en el Govern si son necesarios. A Abascal lo que le interesa es apretar al PP, no colaborar con él. Es improbable que entre en el Ejecutivo, pero eso no es tranquilizador para el PP porque sube el precio que deberá pagar Prohens a la hora de firmar un acuerdo.