Muchos la recordarán esas muñecas de una época pasada, que llenaban las estanterías de muchas casetas de esos feriantes que se plantaban en las fiestas patronales. Recuerdo que mi padre se llevaba de la mano a mi hija mayor a la Explanada y se gastaba sus dineros hasta que conseguía una de esas muñecas. Al fallecer su creador todo fue cambiando, las modas y los gustos infantiles se fueron inclinando por figuras más sofisticadas y con mucho más encanto. Como todas las cosas de la vida y que directa o indirectamente nos influyen, hoy llegamos a dudar un poco si somos capaces de avanzar o quedarnos relegados en las cunetas del pasado. Los políticos de la derecha no se ponen de acuerdo con los de la izquierda y viceversa ante un tema tan sobado como es la rotonda, la carretera general y el talaiot.
Y mientras se alzan voces y espadas para defender lo más conveniente, papá UNESCO viene para tirar de las orejas a más de uno, que las piedras milenarias no se tocan dicen unos y otros que los accidentes de circulación irán en aumento. Y en mi tómbola descubro que lo que ahora es un parking gratuito en donde estuvo ubicada Catisa se van a construir viviendas. Perfecto porque son necesarias, pero ¿dónde vamos a poder aparcar dentro de poco cuando se ponga en funcionamiento las urgencias y el edificio del antiguo hospital Verge del Toro?. A ver si nos lo aclara alguna «chochona».