Alertan los expertos del batacazo que se va a producir el año que viene por la subida de miles de contratos de alquiler de vivienda en las Islas. Todos los que cumplen cinco años van a tener vía libre para actualizar el precio para acomodarlo a la realidad actual del mercado. Es decir, se van casi a duplicar. En estos tiempos en los que a nadie le apetece pensar más de un minuto seguido porque da dolor de cabeza, la mayoría se lanzará en picado a insultar a los propietarios por su afán codicioso, lamentando la mala suerte de los inquilinos, que son todos unos santos de dios. Pero en estos asuntos económicos y sociales suele haber más variables que las básicas de dividir el mundo entre malos y buenos. El precio del alquiler no sale del aire, no se lo inventa nadie, no suele ser a capricho. Deriva directamente del precio de comprar una vivienda, por eso sube. Se suele calcular lo que costaría pagar por completo la compra de ese piso en veinte años para elegir el precio del alquiler. Como lo haría un banquero a la hora de concederte una hipoteca, solo que en el alquiler no se abonan intereses. De ahí que cuando un piso normalito en un barrio normalito se eleva a la estratosfera y el «mercado» te pide trescientos mil euros, cuando tú lo compras y al día siguiente lo pones en alquiler, vas a pedir 1.250 euros de renta y lo vas a ir incrementado según el IPC hasta que dentro de dos décadas hayas conseguido pagarlo. Si por un piso un poquito más grande o en una zona un poquito más airosa te piden cuatrocientos mil, pues la renta se eleva a los 1.700 al mes. No es codicia, es seguir el ritmo de la realidad inmobiliaria que nos rodea. Si el precio sigue subiendo, también lo hará el alquiler.
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