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Xerradetes de Trepucó

La gripe, y algo mas

| Menorca |

Hace frío, la humedad continúa calándose en mi cuerpo y duele, vaya si me duele la carcasa o chasis corporal, según deseen llamarla no es la misma de años atrás, la artritis junto a su pariente, el reuma, va haciendo estragos y por favor si estos renglones caen en manos de algún lector, le pido por favor no vayan a pensar he sido una mortal que se ha pasado la vida reposada. Todo lo contrario y aquí dejo mis lamentaciones consciente viene a ser el resultado de ir sumando otoños. Los hay que tienen la suerte de llegar a cumplir muchos años teniendo la suerte de encontrarse como un pasarell aprovecho para felicitarles, atribuyéndolo a una bendición del todo poderoso incluso es posible algo tengan que ver sus genes.

En estos días los hay alarmados con un nuevo mal, me refiero a la gripe, dolencia que en mi infancia llegaba alegrarme principalmente cuando los fuertes vientos se escuchaban desde la cama de mis padres la cual ocupaba en aquella ocasión. He de confesar me encantaba principalmente cuando ya había pasado la crisis de la fiebre y estar adormilada. Eran de siete a ocho días de auténticas vacaciones si bien ignoraba su significado todavía no había hecho la primera comunión. No todo era bonito, principalmente a la hora de tomarme la cucharada sopera de un jarabe con un mal sabor que me recetaba D. Agustín Doménech Landino, a su vez vecino vivía en el número 22 de la misma calle, recuerdo que era muy bromista haciéndome reir con sus carantoñas y sus juegos de mano.

En aquel tiempo la gripe era temida por los mayores y solían comentar una temida epidemia sufrida en España, incluso llegó a las Baleares, si mal no recuerdo en tiempos de la guerra de África, siendo reclamados infinidad de  menorquines a la guerra de Marruecos. Fueron muchos los fallecidos a causa d’es grip. Ha ido pasando el tiempo, supliendo aquel desagradable jarabe    por pastillas y modernos potingues, los siete días de reposo con tres o cuatro son suficientes, es más, incluso con fiebre ya no te visita el doctor en tu hogar, el enfermo acude a la consulta de Dalt Sant Joan o el anexo de la antigua Residencia, de complicarse la cosa se debe pernoctar en Mateu Orfila, que se ha convertido en un gran hospital para todo, de ahí que mande un aplauso de admiración a su gerente Dº. Bernardo Pax Bosch y a su equipo médico al intentar solucionar lo que la señora ministra debería ver más claro que el agua. La cosa no funciona como debiera.

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