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Sanidad en tiempos revueltos

| Menorca |

La sanidad en la actualidad vive una época convulsa en la que el mundo sanitario oscila entre la saturación, las listas de espera, las expectativas de un futuro esperanzador ante las innovaciones en medicina y la necesidad de un mayor reconocimiento tanto social como profesional del médico.

Vivimos en un mundo en el que los médicos se sienten infravalorados e incluso menospreciados por un Ministerio de Sanidad que hasta ahora ha ignorado sus principales reivindicaciones desembocando en concentraciones, manifestaciones y finalmente varias jornadas de huelga sin vislumbrar una solución fácil ni rápida.

Los médicos y facultativos reclaman unas jornadas más flexibles, más humanizadas; piden extinguir de una vez por todas esas jornadas interminables que son las guardias, (sin límite horario ni restricciones como sí ocurre en otras profesiones); sin descansos suficientes y sin posibilidad de conciliar la vida laboral y familiar. Todo en su conjunto afecta directamente a la salud del profesional y repercute, sin duda, en la calidad percibida por los pacientes.

Lamentablemente, la falta de diálogo y la indiferencia han sido las respuestas de un Ministerio de Sanidad que quiere imponer un Estatuto Marco, que debería ser la referencia en cuanto a la organización y planificación de la actividad asistencial.

Lo que no cabe duda es que la Sanidad actual en España está en crisis. Hemos pasado de ser la mejor sanidad del mundo a una situación de precariedad y escasez de recursos ante una limitación en la inversión, que apenas alcanza el 7 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB), cuando en la mayoría de países de nuestro entorno está entre el 8 y el 10, e incluso un 12 por ciento.

La sanidad está en crisis, pero la figura del médico, también está en una situación crítica. Hemos pasado de una alta valoración del médico, como sucedía durante la pandemia, con los aplausos que se repetían cada día a las ocho de la tarde, a episodios cada vez más frecuentes de agresiones y descalificaciones, ante una sociedad que exige mayor diligencia y eficiencia para ser atendidos en un tiempo razonable.

De hecho, en estos momentos, nos encontramos con una Atención Primaria en situación dramática, que necesita un cambio radical en el enfoque y organización, que reclaman tanto los profesionales como los pacientes. Y evidentemente todo debe comenzar por una mayor inversión tanto en recursos humanos como en infraestructuras. También por hacer más atractivo este nivel asistencial para evitar la fuga de profesionales.

Todos sabemos que sin una Atención Primaria potente y resolutiva se produce un flujo de pacientes hacia otros dispositivos en busca de respuesta a sus demandas.

Se crea así un sistema de vasos comunicantes que hace que esos pacientes que no pueden ser atendidos en un nivel asistencial, busquen respuesta en otros servicios como son los de Urgencias, con más saturación, más demoras y un uso inadecuado de los recursos disponibles. Por esa razón, la potenciación de los Servicios de Urgencias de Atención Primaria cada vez cobrará más importancia en el futuro.

Así en Ciutadella está prevista la construcción y puesta en marcha de un Centro de Alta Resolución, que permitirá la atención a pacientes del primer nivel asistencial, así como consultas de atención especializada y la implantación de Cirugía Mayor Ambulatoria y técnicas con sedación. Asimismo, el traslado y reforma del Servicio de Urgencias de Atención Primaria (SUAP) del actual centro de salud Dalt Sant Joan al centro de salud Verge del Toro, con más espacio, con más personal y con una atención las 24 horas al día, dará respuesta a una creciente demanda.

Lamentablemente la solución es muy compleja ya que la sociedad vive inmersa en la «cultura de la inmediatez», lo que causa frustración e insatisfacción si no se colman sus necesidades de atención de forma ágil y resolutiva. Ya no aceptamos las colas de espera como un hecho consustancial en los servicios públicos.

Por añadidura observamos una situación altamente compleja y que puede provocar una «tormenta perfecta». Frente al alarmante panorama que representa la jubilación de los profesionales de la denominada «generación del baby boom» (más de una cuarta parte de los médicos que actualmente están ejerciendo en la sanidad pública dejarán de hacerlo en la próxima década), nos encontramos con una población cada vez más envejecida, con una tasa de población mayor de 65 años superior al 20 por ciento, con su pluripatología asociada a la edad y una mayor demanda asistencial.

Por eso será fundamental en un futuro inmediato la puesta en marcha de los geriátricos de Santiago, Es Migjorn Gran y Es Castell para dar respuesta a una necesidad acuciante. Lamentablemente el futuro y anhelado centro sociosanitario Verge del Toro tendrá que esperar aún unos años más, conviviendo con la incertidumbre de ver si algún día se hará realidad o se quedará en una simple promesa incumplida.

Profundizando en el aspecto de la falta de profesionales, se evidencia un flujo de médicos que emigran a otros países europeos con mejores condiciones económicas y profesionales; por otro lado, en España se observa la importación de médicos de otros continentes, con claro predominio de origen sudamericano, que ayudan sin duda a sustentar la sanidad pública y que en ocasiones generan auténticas disputas y subastas para la captación y fidelización de profesionales entre regiones.

Las Illes Balears han sido pioneras en este aspecto con la creación de puestos de difícil y muy difícil cobertura o la equiparación del plus de residencia con Canarias. Y aun así, se observa una alta rotación y volatilidad de profesionales ante la escasez de la vivienda y la carestía de la vida en Menorca.

Finalmente de cara al futuro debemos preguntarnos si el actual sistema sanitario es sostenible.

España disfruta de una sanidad pública, universal y gratuita basada en un modelo sustentado en la financiación a través de los Presupuestos Generales del Estado y las competencias sanitarias están transferidas a las comunidades autónomas.

Nadie a estas alturas podrá discutir que la sanidad debe mantener un modelo que debe ser universal y equitativo. Sin embargo, surge cada vez con mayor insistencia la pregunta de si el actual modelo de financiación es suficiente o deberá en un futuro ser suplementado con aportaciones individuales de los usuarios. El denominado copago, que ya existe en las recetas.

El sistema cada vez se muestra más deficitario por lo que tarde o temprano deberá abrirse el melón del copago por asistencia sanitaria, situación muy extendida en la mayoría de los países europeos y que probablemente sea inevitable.

Que el Año Nuevo nos traiga salud.

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