Escribo esto con los dedos medio entumecidos por ese frío traidor que acompañado de fuertes vientos y lluvia, hace pocos días se cargó la cabalgata de Reyes y lo que es peor la ilusión de muchos niños y menos niños. Por eso creo que es importante soñar lo menos posible o si lo prefieren solo lo justo. De esa forma el saco de las decepciones pesará menos y podremos transportarlo sin necesidad de que nos ayuden, de que nos den una mano, porque cuantos menos sepan de su contenido mucho mejor.
Y ahora que ya hemos metido en cajas nuestros belenes y desmontado el árbol para desterrarlo todo al cuarto oscuro donde metemos todo aquello que ya ha dejado de representar felices y hermosas jornadas familiares, toca ponerse las pilas y echar mano de la calculadora para saber lo que nos hemos gastado y de lo que nos queda para cargar de combustible el depósito de ese todo terreno con el que vamos a intentar subir esta cuesta de enero y otras que vendrán. Pero antes, justo antes de que el agua nos llegue al cuello, se nos pedirá que nademos y buceemos en las aparentes aguas de esos ríos cargados de rebajas, ya saben, eso del dos al precio de uno, el de las tentaciones satisfechas de adquirir aquello que no pudimos por caro pero que ahora con esos descuentos ya es otro cantar. Una nueva ocasión para soñar entre lo justo y lo necesario para convertirlo en algo útil.