En su pequeño despacho localizado a la izquierda, en la primera planta del Ayuntamiento de Es Mercadal, Francesc Ametller Pons defendía su talante gentil en la distancia corta a cualquiera que llamase a su puerta.
A partir de la corrección no exenta de entusiasmo con la que argumentaba proyectos o reivindicaciones para el municipio que presidió durante 13 años, el alcalde prematuramente fallecido la pasada semana se ganó el reconocimiento de cuantos le trataron, tanto afines como contrarios.
La disponibilidad perdurable, a prueba de titulares negativos en su gestión -que también los tuvo- constituyen un ejemplo del político local que conecta con sus vecinos y, además, interpreta con acierto la función social del periodismo: fiscalizar el poder, informar con independencia y dar voz a la ciudadanía, incluso cuando las noticias y su tratamiento no le resultan favorables, bien sea en el gobierno o en la oposición.
El respeto de Francesc Ametller por este trabajo reflejó su madurez democrática y el convencimiento de todos sus actos en bien del municipio.
Siempre supo fabricar climas de diálogo y conseguir tiempo, pese a su absorbente dedicación, para atender una llamada y entregar la información que le era requerida pese a que no dependiera exclusivamente de él. Así podía averiguar y ofrecer datos de un suceso concreto ocurrido en el término municipal del que no había tenido conocimiento, hasta proporcionar detalles sobre un acto cultural y asegurar que aparecería publicado en el diario, incluso proporcionando imágenes tomadas por él mismo.
Lo hacía no solo por la defensa y promoción de Es Mercadal, sino porque su educación se lo exigía en contraposición a otros representantes de la clase política a los que habría que reciclar en cuestiones tan básicas como responder una llamada o un whatsapp del periodista de turno y atenderlo con corrección. Son estos motivos que explican el sentimiento de tristeza por la prematura marcha del alcalde y la persona que también han llegado a esta casa.