Cuando ante la «creciente sensación de amenaza» en que vivimos, nuestro Rey en la Pascua Militar apeló «a nuestro compromiso con la seguridad internacional, el multilateralismo y el orden global basado en normas», me sigo preguntando: ¿cómo se ha perdido el respeto a la Carta de Naciones Unidas, especialmente su artículo 2.4 (1) y al renovado consenso recogido en la Resolución 2625/1970 de su Asamblea General, que prohibía taxativamente el uso de la fuerza como alternativa a la diplomacia? Muy pronto ya se violó en Kosovo 1999, Georgia 2008, Ucrania 2022, entre otros muchos casos. El último, Venezuela hace menos de dos semanas. Si no se respetan normas, la ley de la selva.
Alegarán los Estados Unidos de Trump ante las críticas europeas: «cuando erais grandes potencias, actuabais de la misma forma; lo que os pasa, es que habéis perdido fuerza y lo veis con otros ojos».
«Los americanos necesitan menos excusas que Europa para recurrir a la fuerza y carecen de la paciencia necesaria para dejar que las gestiones diplomáticas surjan efecto» escribirá Robert Kagan (2), que nos recuerda un viejo dicho irlandés: «En cuanto se tiene un martillo, todos los problemas empiezan a parecer clavos»; pero las naciones con escaso poderío militar corren el peligro inverso: «si no se tiene un martillo no se quiere ver nada que se parezca a un clavo». Ya nos advertía con contundencia en 2003: «ha llegado el momento de dejar de fingir que Europa y EE.UU. comparten la misma visión del mundo; incluso, que viven en el mismo mundo». Cuando Huntington desde Harvard predijo que la cristalización de la Unión Europea sería el acontecimiento más importante como reacción mundial contra la hegemonía de Estados Unidos, capaz de engendrar un siglo XXI verdaderamente multipolar, no encontró respuesta en la Europa de los noventa del siglo pasado. Solo pobres intentos de intervención militar en la trágica escisión de Yugoeslavia. Recuerdo que allí ya admitíamos «que los americanos hacen la cena y los europeos lavamos los platos». Si Europa se hubiese tomado en serio estas advertencias, como se las va tomando hoy con tres décadas de retraso, quizás el mundo sería diferente.
Sin obviar una vertiente nacional de violación de normas -¡cuántos prometen cumplir y hacer cumplir la Constitución y la desprecian no más salir de La Zarzuela!- me detengo en dos preocupantes casos concretos, entre los muchos (3) que podría citar: Groenlandia y Venezuela.
Si ciertamente a Trump le preocupa la seguridad de la gran Isla danesa, situada estratégicamente al norte de Islandia, entre las costas orientales de Canadá y a los occidentales de Rusia y la Península Escandinava, perfectamente podría hacerlo ampliando su base de PItuffik o gestionando con Dinamarca abrir otras bases. O implicar a la OTAN en esta defensa. No hay problemas allí sobre el coste del metro cuadrado de terreno. Lo que no puede esgrimir es un «por las buenas o por las malas» ante un país aliado de la OTAN.
El caso de Venezuela es otro claro ejemplo del uso de unos medios desproporcionados de fuerza, por mucho que despreciásemos las políticas y comportamientos de Maduro. Si el balance es de unos constatados 58 muertos venezolanos y cubanos, desconocemos las bajas norteamericanas, que intuimos muy inferiores. El concepto «neutralizar al enemigo», común en órdenes de operaciones, ¿entrañaba obligatoriamente su eliminación física?.¿Hubo heridos o detenidos? ¡Hay códigos de conducta -normas- incluso en la guerra! Francisco de Vitoria (1483-1564) ya nos aconsejaba: «si para la defensa basta empuñar el escudo, no debe esgrimirse la espada».
Por mucho que se luche contra el narcotráfico, se invoque la doctrina Monroe de «América para los americanos» (por supuesto del Norte) o el «América first», hay ciertamente unas normas, llámense de Derecho Internacional, llámense consuetudinarias, que hay que respetar. No basta con seguir los consejos de Maquiavelo: «la política no tiene relación con la moral», «el fin justificando los medios».
Luego, no llorar si aparecen rebotes imprevisibles como el que vivieron los propios norteamericanos un 11 de septiembre. Porque si queremos redefinir un concepto de seguridad global, mejor será fijarnos en la Humanidad, en sus desigualdades, pobrezas, odios raciales, emigración descontrolada, explotación de materias primas, epidemias como el covid, gripe aviar, peste porcina, de no imposible manipulación.
Hablo de Humanidad y no de ejércitos enemigos, como en las guerras clásicas. Porque ahora la guerra, en sus múltiples aristas, -hambrunas, drones, deportaciones, masacres- llega a todos los rincones de la población, como vemos en Gaza o Ucrania.
Solo arraigando valores morales -los que manipulaba Maquiavelo a conveniencia del Trump de entonces- se podrá alcanzar «un orden global, basado en normas».
1. «Los miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia, de cualquier Estado».
2. «Poder y Debilidad». Taurus 2003.
3. Aconsejo leer el documento del Real Instituto Elcano «Claves de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional USA». (15 diciembre 2025).
* Artículo publicado en «La Razón» el jueves 15 de enero de 2026.